La situación del senado ante al outsourcing debido al Coronavirus

Primitivo como es, en sus tiempos como inquilino de Los Pinos, Vicente Fox defendió la anormal hipótesis de que en México la democracia es de, por y para los empresarios, de semejante suerte que la bóveda del campo privado le aplaudió a rabiar, con el coro panista de fondo musical.

Pasaron los años, y en apariencia esa hipótesis se apagó, si bien en los hechos fue llevada a la práctica, hasta las últimas consecuencias, por los gobiernos subsecuentes, con el apoyo decidido de sus respectivos partidos que solícitamente legislaron en favor de esa democracia.

Se suponía que al llegar la cuatro-T tal práctica desaparecería y la democracia sería de, por y para todos y cada uno de los mexicanos. Pero semeja que la salvaje lectura foxista caló hondo en ciertos chapulines de la política nacional, como en el ahora miembro del Senado morenista Ricardo Monreal (ya antes del PRI, PRD, Movimiento Ciudadano y de quien le ofrezca un hueso), dedicado a proteger y practicar la hipótesis del esposo de Martita.

Días atrás, en la mitad del discute por el dictamen para reformar las leyes en materia de outsourcing o bien subcontratación ilegal (aprobado en el mes de diciembre pasado por las comisiones senatoriales de Trabajo y Previsión Social y de Estudios Legislativos Segunda), el convocado chapulín declaró que llevarlo al pleno sería una ofensa (a los empresarios), tomarles el pelo, de tal manera que los pactos (los suyos) se respetarán; empeñé mi palabra y se mantendrá.

Desde diciembre pasado esta suerte de Fox zacatecano ha hecho de todo para detener, primero, y congelar, entonces, el referido dictamen, a fin de proteger, favorecer y sostener intocados a los llamados outsourceros, por más que con su palabra empeñada sacrifique los derechos laborales –que garantiza la Constitución– de en torno a ocho millones de trabajadores que subsisten bajo ese esquema semifeudal.

El pasado lunes, con el pretexto de la pandemia, Monreal afirmó que se examina suspender actividades en el Senado desde mañana o bien clausurar de forma adelantada el periodo; adelantó que en la sesión de el día de ayer se aprobará la reforma constitucional para llevar los programas sociales al artículo cuarto de la Constitución; la iniciativa de plataformas digitales y si da tiempo la reforma laboral en materia de subcontratación.

Si da tiempo, afirmó, sobre una iniciativa esencial para reivindicar los derechos de los trabajadores. Pero como no le dio tiempo, en los hechos solo se aprobaría la reforma constitucional para añadir los programas de bienestar (encargo presidencial) y la que fuerza a las plataformas digitales a tener 30 por ciento de contenido nacional en su programación, esto último, según parece, mucho más esencial que el tema del outsourcing.

Desde el pasado lunes el promotor de la reforma de las leyes Federal del Trabajo y del Seguro Social en materia de outsourcing ilegal, el miembro del Senado Napoleón Gómez Urrutia pidió que el convocado dictamen sea incluido como uno de los temas prioritarios antes que se tome la resolución de suspender las actividades legislativas por el Covid-19, ante la urgente necesidad de avanzar en la defensa de los derechos de los prácticamente ocho millones trabajadores y la contingencia sanitaria, puesto que se hallan indefensos por las acciones exageradas de esta clase de empresas, que en ciertos casos anunciaron que van a dejar de laborar sin goce de sueldo.

Pero como la palabra empeñada de Monreal fue con los outsourceros, no con los trabajadores, entonces sostiene congelado el multicitado dictamen. Ante tal panorama, el miembro del Senado Gómez Urrutia afirmó que “es lamentable que intereses extraños al Legislativo procuren transformar el outsourcing ilegal en legal; eso es ir a la contra del proyecto de transformación de López Obrador; existen fuerzas oscuras que desean sostener sus privilegios; se busca imponer una visión empresarial”.

Las rebanadas del pastel

La Secretaría de Relaciones Exteriores pidió formalmente a España la extradición de Emilio Lozoya, a quien espera una mullida cama en un reclusorio nacional.

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