En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, la situación de la biodiversidad en México es alarmante: más de 2 mil 600 especies de flora y fauna silvestres se encuentran en alguna categoría de riesgo, según la Norma Oficial Mexicana 059 (NOM-059-SEMARNAT-2010). Mientras tanto, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) prepara una actualización de esta lista, que podría aumentar el número de especies amenazadas.
Pingüino emperador: símbolo del cambio climático
El emblemático pingüino emperador, conocido por su resistencia a climas extremos y su comportamiento social, ha sido reclasificado como especie "En peligro" por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esto se debe a que su ciclo de vida depende del hielo marino estable, el cual se derrite en la Antártida a un ritmo de 136 mil millones de toneladas anuales. Estudios científicos indican que esta especie perdió aproximadamente el 10% de su población entre 2009 y 2018, lo que equivale a unos 20 mil individuos adultos. Si la tendencia continúa, solo quedará la mitad de ellos para 2080.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que la actividad humana ha alterado más del 70% de la superficie terrestre, llevando a un millón de especies al borde de la extinción. "No solo estamos perdiendo especies aisladas, sino que estamos rompiendo los hilos que mantienen unido el sistema de soporte vital del planeta", señala el organismo.
La crisis en México
En territorio mexicano, la NOM-059 clasifica a 2 mil 678 especies en cuatro categorías: "Probablemente extinta en el medio silvestre" (49), "En Peligro de Extinción" (534), "Amenazada" (910) y "Sujeta a Protección Especial" (mil 185). Los grupos taxonómicos más afectados son plantas (38.4%), seguidos de anfibios, aves, invertebrados, mamíferos, peces y reptiles (59.9%), y hongos (1.7%).
El doctor Rodrigo Medellín, biólogo de la conservación del Instituto de Ecología de la UNAM, recordó que especies como la paloma pasajera, el cara cara de la Isla Guadalupe, el gorrión pico grueso de la Isla Guadalupe y la foca monje del Caribe ya se han extinguido oficialmente en México debido a la cacería, fragmentación de hábitats y especies invasoras. No obstante, destacó casos de éxito como el lobo mexicano, que regresó a las sierras de Chihuahua y Durango gracias a un programa de reintroducción, y la paloma de la Isla Socorro, que se reproduce en San Diego y pronto volverá a su hogar tras más de 50 años de ausencia.
Actualización de la NOM-059
La doctora Angélica Cervantes Maldonado, subdirectora de Gestión de Información y Evaluación de Especies de la Conabio, adelantó que antes de que termine el año se publicará una nueva versión de la NOM-059, la cual incrementará el número de especies en la lista roja. Hasta 2022, se tenían 124 propuestas de incorporación, pero falta que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) integre las sugerencias de la consulta pública realizada en abril de 2025. "Desafortunadamente no se ha dado esta actualización con la periodicidad que marca la ley, desde 2022 se iniciaron los trabajos y la nueva versión seguramente se publicará este año", explicó.
Críticas a la burocracia
Alejandro Olivera, representante en México del Centro para la Diversidad Biológica (CDB), criticó la lentitud del proceso. "México no puede seguir impulsando políticas públicas de conservación con una lista desactualizada, mientras la ciencia documenta nuevas amenazas", afirmó. Desde el CDB han propuesto incluir al lince, caracol rosado, tiburones y pepinos de mar, pero la burocracia impide avances. "Es especialmente preocupante para algunos dragoncitos del género Abronia, recientemente descubiertos, con distribuciones extremadamente restringidas, que podrían desaparecer antes de concluir el tedioso proceso de incorporación a la NOM-059", agregó.
Olivera abogó por mecanismos de protección inmediata para especies del mismo género ya incluidas, y criticó la falta de transparencia y participación social en el grupo de trabajo que revisa la norma. "La conservación de la biodiversidad requiere transparencia, participación social y decisiones basadas en la mejor evidencia científica disponible", subrayó.



