Mundial de Futbol: La cosa está de la patada | Hojas de papel volando

Por entonces, en mi tierra oaxaqueña, prevalecía el béisbol, un juego estatal, afirmemos. Lo practicábamos desde niños. Fue la temporada en la que a los perros se les amarraba con longaniza, y no se la comían. Era así: salir a la calle por la tarde; armar los equipos, contar con dos bolas de estambre o bien pelotas de goma y dos palos de escoba, nuestros bates.

Unas piedras bien colocadas en 4 esquinas; se remangaba uno los pantalones por aquello de la ‘vara de membrillo’ y ya está, se armaba el partido, el jaleo alegre y juguetón y una que otra magulladura, pero estaba bien, eran los gajes del torneo mundial de beis en nuestra esquina. Así como los yanquis que hacen su juego mundial de beis y nada más juegan , ejem.

Pero los traslados monumentales de la vida hicieron que, de súbito, apareciese en terrenos futboleros de la capital del país México, en el bien nombrado Distrito Federal procurando jugar el juego que no era mi juego, el futbol, si bien sí era el juego de mis compañeros y amigos en aquella primaria inolvidable a la que llegué para justificar mi ingreso a la secundaria escolar.

Un compañero de salón de clases era muy bueno para eso de jugar al fut, y armar los equipos contricantes a la hora de “deportes”. Tiene por nombre Leonardo Cuéllar quien luego jugó en el equipo Pumas, de la Universidad y ha sido técnico de la selección femenina de futbol. Pero, bueno, por entonces era un niño –como todos los que estábamos ahí- al que le encargaban esa tarea mientras el maestro se iba a comer su torta de queso de puerco por ahí.

Yo en realidad era muy malo para eso y difícilmente me elegían para formar parte de uno o bien otro equipo. En verdad no era imprescindible y si me desaparecía por ahí, entre la maleza, no pasaba nada. Jugaban. Y todos éramos muy felices.

Ya en secundaria sí, había un maestro para deportes quien de repente armó dos equipos de futbol con sus pupilos. Yo uno de ellos. Y ni modo, a hacer la lucha para pasar la materia, y era obligatorio. Pronto el maestro milagroso se dio cuenta de mis dotes futboleras y pronto me llamó apartito para decirme en secretito que yo era tan malito en el futbolito que “mejor hazme un trabajo escrito sobre las JJ. OO. y con eso te paso”. Ja. Yo feliz. Él feliz. Todos felices.

Por entonces se escuchaban los juegos de futbol por la radio. Nada más los ricos fufurufos tenían tele. Y era cosa de estarse quietecito por el hecho de que don Mario ponía a todo volumen su radio cada domingo a las doce, a fin de que escucháramos los partidos.

Y aunque había narradores realmente inusuales que hacían que uno “viera” el partido, él mismo don Mario nos afirmaba las jugadas y , un grupo de niños que estábamos abstraídos, escuchábamos las maravillas de jugadores como Salvador Chava Reyes, José Valtonrá, Ernesto Teto Cisneros… uhhh… y sus equipos: Guadalajara, Toluca, Necaxa, Oro, Atlas.

Todo eso era una parte del mundo maravilloso que se desprendía de esos domingos de radio imborrables, acompañados con una muy rica jícama con limón, sal y chile y la sorpresa de ver de qué manera don Mario brincaba de dicha cuando jugadores de su equipo preferido anotaban tanto y de qué manera “los otros” eran unos ‘desgraciados, hijos de…’

Han pasado muchos años desde ese momento, y como en las películas de Juan Orol, las hojas del calendario se desprenden solas y se marchan quién sabe a dónde.

Luego ya se sabe, vino el Mundial de Futbol de mil novecientos setenta. Yo adolescente apenas, veía que por esos días todo era futbol alrededor. Los grandes equipos. La gran organización. La enorme inauguración. Y se extendía por todas partes el fragancia a orgullo nacional porque después de las Olimpiadas del sesenta y ocho, México era capaz de organizar “la fiesta mundial del deporte”.

Según se supo, había criterios de rotación continental para elegir al país anfitrión. Y para 1970 había de ser un país latinoamericano, pues el del sesenta y seis fue en Inglaterra.

México había presentado su candidatura mientras que Argentina lo hizo por cuarta vez. El mas que le ponían a México es que ya había organizado los Olímpicos del 68.

La FIFA junto con el Comité Olímpico Internacional examinó si organizar dos eventos de semejante magnitud en un lapso de dos años no sería perjudicial para la organización de los eventos. No obstante, se concluyó en que la infraestructura que heredaría la XIX Olimpiada iba a ser beneficiosa para la organización del acontecimiento. Además se presentó la maqueta de lo que sería el Estadio Azteca y puesto que eso, le tocó a México por 56 votos contra treinta y dos el 8 de octubre de mil novecientos sesenta y cuatro, en Tokyo.

Un evento habría de ser recordado siempre y en toda circunstancia a partir de esas fechas. La llamada Guerra del Futbol. Honduras y El Salvador. Antemano estaba calientito el asunto. Con disputas entre ambos países por asuntos económicos, políticos, fronterizos, migratorios.

En la segunda fase clasificatoria, ambos países se debían enfrentar en partidos de ida y vuelta para acotar qué equipo pasaba a la tercera fase. En el primer partido en Tegucigalpa el 8 de junio de 1969, Honduras ganó por 1-0. En San Salvador, los locales ganaron por 3-0. Esto provocó que el 15 de junio 12 hinchas hondureños fuesen asesinados por la multitud local en tanto que en Honduras inmigrantes salvadoreños fueron atacados.

El catorce de julio de mil novecientos sesenta y nueve el Ejército Salvadoreño invadió a Honduras; cuando menos dos mil personas murieron a lo largo del conflicto bélico que terminó seis días después por la mediación de la Organización de Estados Americanos.

Las fronteras fueron cerradas y la tensión llegó a extremos, en la medida en que Honduras presentó reclamos a la FIFA acusando amenazas de muerte hacia sus jugadores. Hubo un tercer partido disputado en la Urbe de México el veintiseis, en el Estadio Azteca. Ganó El Salvador a Honduras por tres-dos, para jugar entonces con Haití y llegar a la Copa Mundial. ​

El Mundial de Futbol se jugó entre el 31 de mayo y el 21 de junio de 1970. Fueron 16 escojas nacionales las que participaron en la ronda final, siendo reunidas en cuatro conjuntos de cuatro equipos, ganó Brasil la Jules Rimet.

De ahí en adelante el gusto y la pasión futbolera en nuestro país incrementaron todavía más. Nuevos equipos, nuevos jugadores, nuevas empresas, nuevas y grandes ganancias. Mucha pasión-locura-delirio futbolístico ¿enajenación? También, entonces y todavía.

Y ya digerida la jalea, para 1986 le toca de nuevo a México organizar un Mundial de Futbol. Fue la XIII Copa, entre el treinta y uno de mayo y el 29 de junio de 1986. México se convirtió en el primer país en celebrar dos veces una Copa del Planeta cuando la FIFA, tras una asamblea en Estocolmo, Suecia, en mayo de mil novecientos ochenta y tres, decidió sustituir la sede a Colombia que declinó en noviembre de 1982 por la imposibilidad de cumplir con los requerimientos que FIFA demandaba para celebrar el evento.

Fueron veinticuatro elijas las que acudieron al campeonato y cincuenta y dos partidos celebrados, de la misma manera que en el mundial precedente, España mil novecientos ochenta y dos. Y en este Mundial México 86 hubo hechos que hicieron historia en el futbol.

En el partido Argentina – Inglaterra, Diego Armando Maradona, quien había sido golpeado con un codazo por Terry Butcher que el árbitro afirmó que no vio, se desquitó anotando dos de sus tantos más famosos: uno que consiguió tocando el balón con la mano y que el árbitro dio por legal y que mismo dijo después que había sido La mano de Dios y luego, el mismo Maradona desde media cancha, burló a todo contrincante que se cruzó en su camino para anotar el mejor tanto del Mundial, que ganó Argentina a Alemania por 3-2, y así.

La pasión por el futbol en México es grande. De insensatez. En eso no estamos solos los mexicanos. Ocurre esta emoción “desenfrenada” en muchos países y de ahí que se hacen grandes “copas” que son eventos internacionales en las que equipos de diferente catadura se enfrentan para probar superioridades. Los dueños de equipos ganan lana a raudales; los jugadores son el ejemplo de opulencia en muchos casos y los entusiastas sacian su sed de goles con los torneos que se hacen acá o bien allí. Decíamos: el negocio es el negocio y si este aporta solaz y distractores, puesto que de esta manera la cosa.

Y de esta manera surgen estrellas, estrellitas y asteroides del futbol local, nacional y mundial. A los que somos gente del cada día, con tortas de milanesa con holanes y limonadas de naranja, se nos informa de las proezas de grandes jugadores mundiales, como el argentino Lionel Messi, que ha ganado muchos premios como ‘el mejor jugador del año’; como también el portugués Cristiano Ronaldo y las rivalidades entre ambos por ser cada uno el mejor y el más pagado.

O como el gran Xavi Hernández del Barcelona, que fue; o Neymar, Luis Suárez y antes el tal Franz Beckenbauer, o Edson do Santos, Pelé el brasileño histórico.

Y vaya, también tenemos historia, claro que sí. Con jugadores de fuste que fueron aquellos vanguardistas como Horacio Casarín, en los cincuenta, o como el enorme Salvador Reyes que asistió a mundiales como el de Suecia (mil novecientos cincuenta y ocho), Chile (1962) e Inglaterra (mil novecientos sesenta y seis). ¡Y qué tal La Tota Antonio Carbajal, el enorme portero Cinco Copas orgullo nuestro! Y en adelante jugadores como Enrique Borja.

O como Hugo Sánchez, Benjamín Galindo, Carlos Hermosillo, Jorge Campos, Jared Borguetti, Rafael Márquez, Cuauhtémoc Blanco, ahora metido a político morelense, y tantos más; más que le dan lustre al futbol mexicano. Al fin y al cabo un negocio que es juego y que es de seres humanos que se lanzan a la aventura para hacer triunfar a sus equipos y hacer chillar hasta la insensatez a los entusiastas del futbol.

Apenas y queda para el recuerdo de aquellos vanguardistas del futbol en México. ¿Quién fue primero Orizaba o bien Pachuca? Lo trajeron los ingleses que llegaron a la explotación de las minas mexicanas a finales del siglo XIX y el primer campeonato (conforme la Federación Mexicana de Futbol) se realizó en 1902 entre los equipos: Orizaba Athletic Club, el Pachuca A.C. y el Reforma A.C., los tres integrados por ingleses, y después los mexicanos se apropiaron del balón y ya no lo soltaron.

Ya comenzó el Mundial de Futbol en Rusia. Ya están allí los grandes equipos, los grandes jugadores, los grandes estadios y la gran fiesta. Las empresas apuestan a todo para ganarlo todo. Vaya que sí. Y, con todo, es un espectáculo que nos introduce a la algarabía y a la emoción apasionada del triunfo por el triunfo y a un nacionalismo y patriotismo en el que nuestros colores patrios han salido a conseguir la victoria y si no, puesto que no, que de todas maneras la diversión está ahí, a la vista, sin enganche y sin fiador.

¡Pásamela…! ¡Viene de ahí! ¡Nooooo hagas eso! ¡Acá estoy! ¡Correeeeee! ¡No seas tan mensoooo! ¡Qué chingón ereeeees! Sigue nuestro torneo infantil. Apenas hay luz de día mas estamos ahí para vencer al oponente y golearlo hasta que le duela el ánima, el corazón, el cuajo y la molleja, todo. Ahí estamos, con el pantalón arremangado, sudorosos, despeinados y contentos, contentísimos pues más que el juego prosigue ahí la convivencia y la amistad y el “mañana ya se verá”.

Y asimismo está ahí, el Mundial de Rusia-18, para salir del tormento chino en el que se transformó nuestro proceso electoral. Aunque sea un ratito; un abrir y cerrar de ojos; un atronar de cancelar con pulgar, un ¡gooooooooool!

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