Afición mexicana provoca microsismos: experto urge monitoreo estructural
Afición mexicana provoca microsismos: experto urge monitoreo

En México, la pasión futbolística no solo se vive en los estadios. La euforia por los goles se traslada a cualquier lugar donde se reúnan los seguidores, e incluso puede sacudir la tierra. El 17 de junio de 2018, un gol de Hirving Chucky Lozano ante Alemania, durante el Mundial de Rusia, provocó tal euforia entre aficionados reunidos en el Zócalo de la Ciudad de México que generó un movimiento considerado como un microsismo artificial.

El Departamento de Sismología y Vulcanismo del Instituto de Investigaciones Geológicas y Atmosféricas A.C. indicó en X que el sismo detectado en la Ciudad de México se originó de manera artificial, posiblemente por saltos masivos durante el gol de la selección mexicana. Al menos dos sensores dentro de la ciudad lo detectaron a las 11:32 horas.

El desafío estructural ante el Mundial 2026

De cara al inicio del Mundial 2026, la atención no solo debe centrarse en la logística o la seguridad general, sino en la respuesta estructural de los inmuebles ante cargas humanas masivas, considera Felipe Martínez, CEO de Huella Estructural, firma especializada en monitoreo de salud estructural en tiempo real.

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“Hoy, el reto no es solo construir bien, sino entender cómo se comportan las estructuras en tiempo real. El monitoreo estructural continuo permite medir variables como aceleraciones, desplazamientos y frecuencias de vibración, generando datos objetivos sobre el estado de una estructura”, explica en entrevista.

Fenómenos similares en el mundo

El fenómeno no es exclusivo de México. En 2011, en Seattle, tras un touchdown de Marshawn Lynch, corredor de los Seattle Seahawks, se registró un movimiento bautizado como Beast Quake. El sismólogo John Vidale explicó que el rugido y el golpeteo de decenas de miles de pies hicieron temblar el suelo lo suficiente para ser registrado por la Red Sísmica del Noroeste del Pacífico.

En 2023, se reportó el Swift Quake durante la gira The Eras Tour de Taylor Swift, un movimiento de magnitud 2.3 provocado por 70 mil fanáticos que bailaron y saltaron. Un estudio sobre el Estadio Olímpico en Cali, Colombia, alerta que el movimiento de las personas induce cambios en las características dinámicas de los escenarios, generando vibraciones elevadas que afectan las condiciones de servicio e incluso pueden causar fallas estructurales.

El doble desafío en México

Para Felipe Martínez, en México el desafío es doble debido a las condiciones del suelo. La Ciudad de México, construida mayoritariamente sobre suelos blandos, registra hundimientos de entre 10 y 30 centímetros al año, alcanzando hasta 40 centímetros en ciertas zonas. Esta vulnerabilidad, sumada al envejecimiento de las estructuras —especialmente las que ya pasaron por los terremotos de 1985 y 2017— exige un monitoreo constante, más allá de las inspecciones visuales.

Degradación silenciosa

Los movimientos generados por los aficionados no provocarían el colapso de un edificio, pero sí pueden causar afectaciones importantes. “Que todas las personas salten al mismo tiempo, efectivamente se puede notar. Por ningún motivo va a hacer que una estructura colapse, porque están calculadas, pero se puede ir notando con el tiempo”, afirma Martínez.

La fatiga en los elementos estructurales por vibración repetitiva es una de las principales causas de degradación con el paso del tiempo. Una estructura no responde igual después de 10 o 20 años que en su primer día. El riesgo surge cuando esta degradación se combina con otros factores como el hundimiento del suelo, la actividad sísmica y el envejecimiento de los materiales.

Ante ello, Martínez subraya la importancia del monitoreo de los edificios, comparable a un “examen de sangre”. Su objetivo es detectar cambios en la “huella” o comportamiento del edificio mediante la instalación de sensores llamados acelerómetros en puntos estratégicos, generalmente en los cimientos y en las partes más altas. Así se pueden medir variables como aceleraciones, desplazamientos y frecuencias de vibración, generando datos objetivos sobre el estado de una estructura antes de que el daño sea visible o la falla repentina, permitiendo mantenimientos preventivos más económicos que los correctivos.

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“Todo tipo de estructuras, en mayor medida los estadios, deben contar con un servicio de monitoreo que les permita conocer el comportamiento estructural a lo largo del tiempo para tomar decisiones basadas en datos. Se puede adelantar o dar mantenimiento, y no necesariamente cuando ya apareció una grieta o cuando ya se inclinó”, concluye.