Primer “héroe” caído en Francia en la lucha contra el Covid-19

PARIS.-

El doctor Jean-Jacques Razafindranay primer médico caido en francia

Era ntegrante del servicio de emergencias del hospital de la ciudad de Compiègne (nordeste de Francia) murió aniquilado por el coronavirus el sábado 21 de marzo.

Es el primer médico francés que cae en el campo de batalla contra el Covid-19.

Antes de esa data aciaga Razafindranay era uno de los miles de profesionales de la salud que luchan contra ese virus malévolo, el día de hoy su bigote corpulento y la sonrisa maliciosa que alumbra su semblante redondo simbolizan ese horrible combate y el riesgo de muerte que amenaza a quienes lo llevan.

Jean-Jacques Razafindranay tenía 68 años. Sus amigos y colegas lo describen como un hombre “discreto, ameno, generoso, siempre disponible para los demás”.

“Mi padre, ese héroe, se fue demasiado pronto a causa del coronavirus. Apasionado por su trabajo rehusó jubilarse”, escribe su hijo en el hermoso homenaje que le rinde en su página de Facebook.

Mi papá se sacrificó

El médico llevaba media década trabajando en el servicio de emergencias del centro de salud de Compiègne, que de la misma manera que todos y cada uno de los centros de salud franceses, carece de personal a resultas de recortes presupuestarios irresponsables.

“Mi padre se sacrificó. Hubiera podido dejar de trabajar, pero siguió ejerciendo su profesión porque deseaba ayudar a sus colegas que no se daban abasto. Atender a pacientes era toda su vida”, explicó su hijo a la prensa gala.

El centro de salud de Compiègne acogió a fines de febrero uno de los primeros enfermos del coronavirus que solo fue diagnosticado como tal, múltiples días tras su ingreso al hospital. Ese atraso implicó poner en cuarentena todo el personal y a los enfermos que habían estado en contacto con él.

No fue no obstante en estas circunstancias que se contagió Jean-Jacques Razafindranay. Según explica su hijo, el cuatro de marzo el médico retornó demasiado fatigado de una noche de guarda realmente difícil, puesto que Compiège y toda la zona del Oise es uno de los epicentros de la epididemia de Covid-19.

Ese mismo día fue detectado “positivo” y terminó siendo hospitalizado en su sitio de trabajo. El 18 de marzo su estado empeoró tanto que debió ser trasladado al servicio de reanimación de Lille donde murió el sábado 21.

La despedida

Antes de fenecer el médico manifestó el deseo de ser sepultado en Madagascar, su país de origen, a la vera de sus ancestros y conforme el rito malgache. Por el instante su familia no puede cumplir su última voluntad y el cuerpo del fallecido espera en una cámara mortuoria frigorífica el fin de la pandemia.

A las 8 de la noche del mismo sábado 21 los habitantes de Lille, Compiègne y Soissons, urbe donde residía Jean-Jacques Razafindranazy, abrieron grandes las ventanas de sus casas y aplaudieron como jamás para despedirse de su héroe.

Su viuda asimismo contaminada y encerrada en cuarentena en su domicilio pudo oírlos en vivo en Soissons y por TV y radio en el caso de Lille y Compiègne.

Lo siguientes

El día después se dieron a conocer 2 fallecimientos más, el de JeanMarie Boegle, ginecólogo de 66 años de la urbe de Mulhouse (este de Francia) y la de Sylvain Welling, médico de cabecera de Hôpital, un ayuntamiento de escasas 5 mil ánimas, asimismo situado en la zona oriental del país. Ambos fueron contagiados por pacientes que atendieron en sus consultorios sin mascarillas ni guantes, puesto que la escasez de protección para el personal médico es un escándalo sin precedente en Francia, país que se complace de ser la quinta economía mundial.

“Si sigue así tan desprotegido, todo el personal médico del país va a sufrir una autentica hecatombe”, se impropia Jean-Paul Hamon, presidente de la Federación de los Médicos de Francia, inficionado por el coronavirus.

“¿Dónde están las mascarillas respiratorias de alta filtración que el Estado supuestamente tiene en la reserva estratégica de nuestro país?” pregunta colérico en entrevistas por Skype que da desde su casa donde vive recluído.

También repite infatigablemente que los responsables de semejante desastre deberán rendir cuentas. Cada vez más franceses demandan la creación, tras la crisis, de una comisión de investigación parlamentaria para establecer responsabilidades.

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