El fenómeno Therian bajo la lupa de la psicología: ¿Expresión o patología?
En los últimos años, el fenómeno Therian ha emergido con fuerza en las redes sociales, captando la atención de adolescentes de la generación Z que manifiestan una identificación simbólica con animales no humanos. Este movimiento, caracterizado por videos donde jóvenes rugen, gatean o emplean máscaras y accesorios inspirados en fauna, ha desencadenado un intenso debate en el ámbito de la salud mental: ¿constituye esta conducta un trastorno psicológico o simplemente una forma de expresión identitaria?
Los criterios clínicos para definir un trastorno
La psicóloga Elsa Garro aclara que para clasificar cualquier comportamiento como trastorno mental deben cumplirse parámetros clínicos muy específicos. "Para determinar como trastorno alguna situación que parezca patológica, se tienen que reunir al menos tres condiciones fundamentales", explica la especialista. Estos criterios incluyen:
- Frecuencia: ¿Con qué regularidad ocurre el comportamiento?
- Duración: ¿Cuánto tiempo lleva manifestándose el síntoma?
- Disfuncionalidad: ¿Hasta qué punto incapacita o resta calidad de vida razonablemente funcional?
Garro enfatiza que sin la presencia simultánea de estos elementos, no puede establecerse un diagnóstico clínico formal.
Therian versus Zoantropía clínica: Diferencias cruciales
Los expertos subrayan una distinción vital: el fenómeno Therian no debe confundirse con la Zoantropía clínica. Esta última representa un síntoma psicótico raro y grave donde la persona genuinamente cree ser un animal, experimentando una pérdida total del contacto con la realidad.
En marcado contraste, el psicólogo Miguel Espinosa aclara que en el caso de los Therian "no existe pérdida de la realidad". Espinosa argumenta que "a veces un grito, un rugido, o gatear, o sentirte con esta fuerza te permite psicológicamente liberar ciertos límites sociales y eso se vuelve incluso sano".
El enfoque en las consecuencias funcionales
No obstante, Espinosa advierte que la atención debe centrarse en las consecuencias funcionales de cualquier conducta. "No tendríamos de qué preocuparnos a menos que esto genere una disfuncionalidad social, familiar o personal, o que se pierda la realidad del contexto", puntualiza el especialista.
En términos más amplios, los profesionales coinciden en que mientras la identificación con un animal sea simbólica y no interfiera significativamente en la vida diaria, ni implique confusión persistente entre fantasía y realidad, no puede considerarse un trastorno mental. El problema real, según los expertos, no radica en identificarse con un animal, sino en perder el contacto con la realidad o ver seriamente afectada la cotidianidad.
Recomendaciones para padres y tutores
Frente a este fenómeno emergente, los especialistas recomiendan:
- Escucha activa: Es fundamental que padres y tutores mantengan canales de comunicación abiertos y sin prejuicios.
- Evitar estigmatización: En un contexto donde las identidades juveniles evolucionan rápidamente, es crucial evitar etiquetas apresuradas.
- Evaluación profesional: La intervención psicológica solo sería necesaria cuando exista deterioro funcional evidente, aislamiento significativo o confusión persistente entre fantasía y realidad.
Los psicólogos concluyen que el análisis clínico individualizado debe prevalecer sobre cualquier generalización, priorizando siempre el bienestar integral de los jóvenes en sus diversas formas de expresión identitaria.