Millones lo desean, pero pocos lo tienen. El trofeo de la Copa del Mundo, ese cáliz dorado que recibe el campeón del Mundial de la FIFA, está plagado de historias, misterios y anécdotas. Un trofeo único, aunque no en el sentido más estricto de la palabra.
La copa mide 36,8 centímetros de altura con 13 centímetros de diámetro en la base, está hecha de tres kilogramos de oro macizo de 18 quilates, dos anillos verdes de malaquita y pesa 6,175 kilos. Según las especificaciones técnicas de la FIFA, tendría un precio estimado en los 300.000 dólares.
Desde 2006, la FIFA decidió que el campeón ya no puede quedarse con el trofeo original. Ahora solo se presta para la ceremonia de premiación y la foto oficial, y luego regresa a Suiza. El trofeo que hoy conocemos comenzó a utilizarse en 1974, reemplazando al Jules Rimet, que fue robado en varias ocasiones.
En 1966, el Jules Rimet fue sustraído durante una exhibición en Inglaterra y fue encontrado ocho días después por un perro llamado Pickles. En 1970, Brasil ganó el trofeo en propiedad tras su tercer título, pero fue robado en 1983 y nunca se recuperó; se cree que fue fundido en lingotes de oro.
En Qatar 2022, Argentina recibió la copa original y una réplica del ganador. Sin embargo, la imagen más viral fue la de Lionel Messi sosteniendo una copa falsa que un matrimonio argentino llevó a las tribunas, sumando tres trofeos en el césped del estadio Lusail.



