El primer gol de México en la Copa del Mundo 2026 se celebró con acento colombiano en Monterrey. Mario Ortiz, colombiano de nacimiento radicado en Nuevo León desde hace varios años y aficionado de Tigres, festejó el gol de Julián Quiñones en el triunfo de México sobre Sudáfrica. A su lado estuvo su hermano Andrés, quien llegó desde Colombia para seguir a su selección durante el Mundial.
Un gol que une dos países
La primera anotación de México en la Copa del Mundo 2026 tuvo un significado especial para Mario Ortiz. Colombiano de nacimiento, residente de Monterrey desde hace varios años y aficionado de Tigres, celebró el gol de Julián Quiñones como cualquier seguidor de la Selección Mexicana, aunque sin olvidar que el delantero nació en el mismo país que él.
A su lado estuvo Andrés Ortiz, su hermano, quien llegó desde Colombia para disfrutar el Mundial antes de seguir el camino de su selección en Guadalajara y Ciudad de México. Juntos vivieron el debut del Tri y coincidieron en que el tanto de Quiñones fue una muestra de los lazos que unen a ambos países.
"Somos pueblos hermanos", afirmó Andrés. "Es una alegría grande saber que México acogió a ese colombiano como propio, como hijo".
La historia de Quiñones, cercana para Mario
Para Mario, la historia de Quiñones resulta cercana. Como aficionado de Tigres, recuerda los primeros años del delantero en el fútbol mexicano y siguió de cerca su crecimiento hasta convertirse en seleccionado nacional.
"Sí sabía que era colombiano, desde que jugaba en Tigres", comentó. "Era colombiano y lo convirtió en mexicano también".
Una noche redonda para México
El gol de Quiñones abrió el camino para una noche redonda para la Selección Mexicana. Al final, el equipo dirigido por Javier Aguirre se impuso 2-0 a Sudáfrica en el partido inaugural de la Copa del Mundo 2026, desatando la celebración entre los aficionados que siguieron el encuentro desde distintos puntos del país.
Integración sin división
La presencia de Quiñones en la Selección Mexicana no genera división entre los hermanos Ortiz. Al contrario, representa una historia de integración que ambos entienden de primera mano. Uno construyó su vida en Monterrey y el otro cruzó el continente para acompañar a Colombia durante el Mundial.
Por eso, cuando se les planteó la posibilidad de un eventual enfrentamiento entre México y Colombia en el torneo, la respuesta llegó entre sonrisas.
"Va a estar difícil", reconoció Mario.
Y mientras Andrés se mantiene fiel a la camiseta cafetera, Mario encontró una solución para evitar conflictos familiares.
"Me haría una playera mitad Colombia y mitad México", dijo.
El fútbol como punto de encuentro
La escena resume buena parte de lo que representa un Mundial. Miles de historias distintas coinciden alrededor de una misma pelota. En Monterrey, el primer gol de México en la Copa del Mundo llevó la firma de un futbolista nacido en Colombia y fue celebrado por dos hermanos que, aunque comparten origen, vivirán el torneo desde perspectivas distintas.
Andrés seguirá el camino de la selección colombiana en Guadalajara y Ciudad de México. Mario permanecerá en Nuevo León, la ciudad que eligió para vivir. Pero al menos por una noche, ambos tuvieron el mismo motivo para festejar.
Porque antes que las fronteras, las nacionalidades o los colores, apareció el fútbol. Y en el arranque del Mundial 2026, Julián Quiñones consiguió algo poco común: unir en un mismo grito de gol a México y Colombia.



