Dodgers visitan a Trump en la Casa Blanca pese a protestas de afición latina
Dodgers visitan a Trump pese a protestas latinas

Los Dodgers llegaron este jueves a la Casa Blanca para celebrar su bicampeonato de la Serie Mundial con el presidente Donald Trump, una tradición que en otras épocas pasaba casi inadvertida, pero que esta vez encontró resistencia en una parte importante de su propia afición, particularmente entre la comunidad latina de Los Ángeles.

Mientras el presidente recibía un anillo de campeón de manos del presidente del club, Mark Walter, y elogiaba a figuras como Shohei Ohtani y Mookie Betts, fuera del protocolo permanecía una pregunta que ha acompañado a la organización durante meses: ¿debía el equipo que representa a una de las ciudades con mayor población inmigrante del mundo acudir a la Casa Blanca en medio de las redadas migratorias impulsadas por la administración Trump?

Trump recibe el anillo de campeón y elogia a los Dodgers

Trump aprovechó la ceremonia para felicitar a la organización y expresar su deseo de volver a recibirlos el próximo año. “Quizás nos volvamos a ver el año que viene”, dijo el mandatario, mientras Dave Roberts respondió con un mensaje enfocado únicamente en el terreno deportivo y el objetivo de conquistar un tercer título consecutivo.

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Una visita que dividió a Los Ángeles

La polémica comenzó mucho antes del viaje a Washington. Tras el campeonato de 2025, organizaciones defensoras de los inmigrantes, trabajadores del Dodger Stadium y grupos de aficionados iniciaron campañas públicas para pedir que la organización rechazara la invitación presidencial. Entre los colectivos más activos estuvieron UNITE HERE Local 11, sindicato que representa a trabajadores del estadio, y la National Day Laborer Organizing Network (NDLON), que impulsó una petición argumentando que aceptar la invitación significaría respaldar a una administración responsable de operativos migratorios que afectaron a miles de familias angelinas.

Las protestas cobraron fuerza después de las redadas del ICE en distintos puntos de Los Ángeles y de la presencia de agentes federales cerca del Dodger Stadium, un episodio que generó indignación entre aficionados y activistas. Incluso la organización terminó donando más de un millón de dólares a organizaciones comunitarias que apoyan a personas afectadas por los operativos migratorios.

Ausencias con mensaje: Betts y Hernández no viajan

Mookie Betts decidió permanecer con su familia y explicó que no quería que su ausencia fuera interpretada como un acto político. Kiké Hernández, uno de los jugadores que más abiertamente respaldó a las comunidades afectadas por las redadas migratorias, tampoco realizó el viaje debido a su proceso de rehabilitación, aunque había dejado claro previamente su solidaridad con los inmigrantes de Los Ángeles. La ausencia del lanzador Edgardo Henríquez tampoco fue explicada por el equipo.

Roberts evita entrar en la política

Desde que comenzó la controversia, Dave Roberts sostuvo la misma postura. El manager insistió en que asistir a la Casa Blanca forma parte de una tradición ligada al campeonato y no de una declaración política. “Soy entrenador de beisbol. Eso es lo que hago”, reiteró en distintas ocasiones al justificar la decisión del equipo.

Una organización bajo otros reflectores

La visita también ocurrió mientras Bloomberg reveló que compañías de seguros controladas por Mark Walter y Guggenheim Partners son investigadas por fiscales federales por posibles irregularidades financieras. Hasta ahora no existen cargos y las empresas han informado que cooperan con las autoridades.

Dentro del diamante, los Dodgers siguen siendo el mejor equipo de las Grandes Ligas. Fuera de él, cada decisión parece convertirse en un debate que trasciende el beisbol. La visita a la Casa Blanca volvió a demostrar que, en una ciudad donde la identidad latina forma parte del ADN de la franquicia desde la época de Fernando Valenzuela, ganar campeonatos ya no siempre garantiza el respaldo unánime de su afición.

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