La lluvia torrencial en el centro de la Ciudad de México no logró apagar la euforia de los miles de aficionados que se reunieron en el emblemático Ángel de la Independencia para celebrar la victoria de México sobre Sudáfrica en el Mundial 2026.
Una celebración que comenzó desde temprano
Desde horas antes del partido, los restaurantes y bares de la Zona Rosa estaban abarrotados, ofreciendo promociones en cerveza y alimentos. Al terminar el encuentro, el grito unánime fue: “¡Vámonos al Ángel! ¡Vámonos al Ángel!”.
La marea humana avanzó lentamente por la calle de Génova, mientras se escuchaban canciones como Cielito Lindo y arengas de “¡México! ¡México! ¡México!”. Una lluvia de espuma blanca acompañó a los aficionados durante todo el recorrido.
La lluvia no detuvo la fiesta
Al llegar a Paseo de la Reforma, adornado con flor de cempasúchil, el cielo se desató en un fuerte aguacero. Hombres, mujeres y niños, vestidos con los colores verde, blanco y rojo, corrieron a resguardarse bajo los techos de los negocios cercanos, pero los cánticos y el ambiente festivo no cesaron.
Media hora después, la lluvia paró y el Sol volvió a brillar. Otro gran contingente llegó caminando desde el Fan Fest del Zócalo hasta el Ángel de la Independencia, sumándose a la celebración.
El Ángel, epicentro de la alegría tricolor
Hermanados, todos celebraron, rieron y brincaron de alegría, olvidando por un rato los días de caos, encono e incertidumbre que vivió la capital del país. El Ángel de la Independencia se convirtió una vez más en el epicentro de la celebración tricolor, una tradición que inició en el Mundial de México 1970.
Doña Adriana, una pensionada de 65 años, comentó que era la primera vez que acudía a celebrar un triunfo de la Selección Mexicana. Le gustó tanto que decidió quedarse en el Ángel “hasta que el cuerpo aguante, pues ya mañana Dios dirá”.



