En México, siete de cada diez trabajadores desempeñan algún rol de cuidado dentro de su hogar, ya sea de hijos, adultos mayores o familiares dependientes, según datos de Mercer. Sin embargo, el acceso a horarios flexibles, licencias ampliadas o esquemas de apoyo sigue dependiendo de la voluntad de cada empresa, ante la ausencia de una regulación federal que obligue a las compañías a ofrecer estos beneficios.
El debate sobre los cuidados gana fuerza
La discusión cobró fuerza recientemente con la aprobación del Sistema Público de Cuidados en la Ciudad de México. Aunque esta medida representa un avance en el reconocimiento de estas labores, su alcance es local y no establece obligaciones laborales para la mayoría de las empresas del país. En consecuencia, el tema continúa vinculado principalmente a estrategias de bienestar corporativo y no a una regulación federal.
“Las organizaciones líderes reconocen que el cuidado hoy es una realidad que acompaña a más del 70% de sus colaboradores en distintas etapas de su vida”, explica Ariel Almazán, líder de Advisory en Mercer para América Latina. Pese a ese reconocimiento, apenas alrededor de la mitad de las organizaciones cuenta con iniciativas relacionadas con el cuidado y, en muchos casos, son medidas diseñadas originalmente para otros objetivos, como flexibilidad laboral o bienestar general.
El cuidado como tema de capital humano
Durante años, las conversaciones sobre cuidados estuvieron asociadas principalmente a la maternidad. No obstante, los cambios demográficos están ampliando el desafío para las organizaciones. El envejecimiento de la población y la transformación de las estructuras familiares han dado lugar a una generación de trabajadores, conocida como “generación sándwich”, que cuida simultáneamente a hijos y a padres adultos mayores. Esta dinámica ya comienza a impactar la disponibilidad de talento, la productividad y la permanencia de los colaboradores en las empresas.
Para Fernanda García, directora de Sociedad Incluyente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), el problema rebasa el ámbito privado y se ha convertido en un factor económico. “La falta de (un sistema de) cuidados es una barrera para que muchas personas puedan incorporarse o mantenerse en el mercado laboral”, señala. La especialista advierte que cuando no existen alternativas para atender a menores, adultos mayores o familiares dependientes, las personas terminan reduciendo jornadas laborales, rechazando oportunidades de crecimiento o incluso abandonando por completo el empleo remunerado.
Impacto desproporcionado en las mujeres
Los efectos recaen sobre las mujeres. Datos citados por el IMCO muestran que 49% de las mujeres que no participan en el mercado laboral señalan las responsabilidades de cuidado como una de las principales razones. Además, nueve de cada diez personas que dejaron un empleo para realizar labores de cuidado fueron mujeres. Esto, en parte, obedece a estructuras sociales y corporativas que no favorecen una dinámica de cuidados equitativa.
Una encuesta de OCC revela que 33% de los trabajadores reconoce tener dificultades para equilibrar la paternidad con sus responsabilidades laborales. Al mismo tiempo, apenas 39% afirma que su empresa ofrece beneficios como horarios flexibles, permisos parentales adicionales o esquemas de teletrabajo para facilitar esta conciliación. El dato pone en evidencia que el cuidado continúa siendo un reto poco atendido dentro de las organizaciones y que las responsabilidades de cuidado ya no están enfocadas únicamente en las madres trabajadoras. De hecho, 61% de los encuestados asegura que su empresa no cuenta con medidas específicas para apoyar la paternidad.
Avances locales, retos nacionales
Aunque la Ciudad de México dio un paso importante con la creación de un Sistema Público de Cuidados, la regulación todavía está lejos de convertirse en una obligación empresarial a nivel nacional. “Apenas es un pincelazo”, dice Almazán. Estefanía Rueda, abogada del despacho Littler, explica que el nuevo marco legal reconoce la importancia de los cuidados y promueve la corresponsabilidad entre distintos actores, pero no impone obligaciones generales para los empleadores fuera de los casos ya previstos en la legislación laboral. “Hoy la mayoría de las medidas relacionadas con cuidados siguen formando parte de políticas internas de bienestar, flexibilidad o diversidad impulsadas por las empresas”, señala.
Los especialistas coinciden en que las políticas empresariales de cuidado ya no deben entenderse solamente como una prestación adicional, sino como una herramienta para atraer y retener talento en un mercado laboral cada vez más impactado por la rotación de personal. A esto se suma que el envejecimiento de la población y una participación más activa de los padres en la crianza están ampliando el universo de trabajadores que requieren apoyos para conciliar su vida personal y profesional.
Hoy, mientras avanza la discusión sobre un posible Sistema Nacional de Cuidados, el apoyo que reciben millones de trabajadores mexicanos continúa dependiendo, en gran medida, de la voluntad de cada organización. No obstante, esa realidad contrasta con que siete de cada 10 trabajadores tienen a alguien que cuidar.



