Del crecimiento tradicional al inteligente: el reto estratégico en México
Crecimiento inteligente: el reto estratégico en México

Las organizaciones que logren evolucionar de la eficiencia a un crecimiento habilitado por inteligencia artificial (IA) serán las que estén un paso adelante en la permanencia de su legado y relevancia en el futuro. Así lo afirma Manuel Solano, Socio Director Regional de EY Latinoamérica y Director General de EY México, en un análisis sobre el panorama empresarial actual.

El contexto del crecimiento en México

Para lograr un crecimiento sostenido y resiliente en México, se exige una redefinición estratégica que atienda los requerimientos externos e internos. Los márgenes que tradicionalmente guiaban la expansión —escala operativa, optimización de costos y ejecución comercial— hoy resultan insuficientes frente a un contexto marcado por volatilidad global, tensión geopolítica, cambios en cadenas de suministro y una aceleración tecnológica sin precedentes.

El EY-Parthenon Growth Survey refleja una tendencia internacional: crecer es más complejo, y hacerlo con éxito requiere nuevas capacidades. De hecho, 80% de los ejecutivos reconoce que el entorno de crecimiento es hoy más desafiante que hace un año, porcentaje que podría asemejarse al panorama de Latinoamérica.

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Oportunidades y desafíos para México

México se encuentra en una posición particularmente interesante. Por un lado, la relocalización de cadenas productivas hacia el país, impulsada por su ubicación geográfica privilegiada, talento competitivo e incentivos fiscales, representa una oportunidad histórica. Por otro, esta dinámica introduce presiones significativas en infraestructura, talento especializado y capacidad de ejecución. Las oportunidades existen, pero su aprovechamiento no es automático: requiere una transformación deliberada de cómo las organizaciones piensan y gestionan el crecimiento.

En este contexto, la expansión ha dejado de ser el resultado natural de operar eficientemente. Hoy es la consecuencia de decisiones estratégicas más complejas, que deben integrar variables externas cambiantes y capacidades internas diferenciadoras. Las empresas que continúan operando bajo esquemas tradicionales corren el riesgo de reaccionar tarde, mientras que aquellas que logran anticipar y adaptarse de forma ágil pueden capturar ventajas altamente competitivas. Un ejemplo son las empresas que ya integraron tecnología para el cumplimiento fiscal, obteniendo beneficios en eficiencia, procesos administrativos trazables y evitando multas.

La IA como motor de crecimiento

Un elemento central en esta transformación es la inteligencia artificial. De acuerdo con los hallazgos de la encuesta, existe un consenso creciente entre líderes empresariales sobre su potencial como motor de crecimiento. Sin embargo, la realidad operativa muestra una brecha significativa entre esa ambición y su ejecución efectiva. Muchas organizaciones han avanzado en la adopción de IA, pero principalmente desde una lógica de eficiencia: automatización de procesos, reducción de costos y mejora de productividad. De hecho, 63% de las empresas utilizan la IA con este enfoque, más que como motor directo de generación de ingresos.

Si bien esto genera beneficios tangibles, representa solo una parte limitada del valor estratégico. El verdadero diferencial radica en utilizar la IA para impulsar ingresos: diseñar estrategias de precios más sofisticadas, personalizar la experiencia del cliente a gran escala y acelerar la innovación. El desafío es que esta evolución no depende únicamente de tecnología, sino de capacidades organizacionales. Muchas empresas en México aún operan con arquitecturas tecnológicas fragmentadas y niveles de madurez analítica que limitan el uso avanzado de datos. Mientras las decisiones estratégicas continúen basándose principalmente en intuición o experiencia, el potencial de la IA como habilitador de crecimiento permanecerá subexplotado.

El camino hacia adelante

Para los directores ejecutivos, la implicación es clara: no se trata simplemente de adoptar nuevas herramientas, sino de integrar la IA en el núcleo de la estrategia empresarial. Esto implica repensar cómo se toman decisiones, cómo se estructuran las capacidades de datos y cómo se desarrolla el talento dentro de la organización. Las compañías que logren cerrar esta brecha no solo optimizarán su operación, sino que redefinirán su posición competitiva.

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En un entorno donde el crecimiento es más desafiante y la competencia más sofisticada, la diferenciación ya no vendrá de hacer mejor lo establecido, sino de transformar la forma en que se crea valor. México ofrece condiciones únicas para capitalizar esta transición, pero el factor decisivo será la velocidad y calidad de ejecución. Las organizaciones que logren evolucionar de la eficiencia a un crecimiento habilitado por IA serán las que estén un paso adelante en la permanencia de su legado y relevancia en el futuro.

Nota del editor: Manuel Solano es Socio Director Regional de EY Latinoamérica y Director General de EY México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.