El inicio de 2026 ha confirmado que México mantiene su posición como uno de los mercados más activos para fusiones y adquisiciones en América Latina. Durante enero se cerraron 16 operaciones de M&A, el doble que en el mismo periodo de 2025, con un monto revelado de 1,063 millones de dólares, un incremento del 90.7% en valor respecto al año anterior.
Las transacciones se concentraron en sectores estratégicos como industria, manufactura, ingeniería, consumo y energía, reflejando una orientación hacia activos productivos de alto valor. Las estructuras muestran integración vertical, consolidación de plataformas industriales y una evolución hacia operaciones de mayor escala y sofisticación técnica.
Este dinamismo implica mayores exigencias en due diligence, asignación contractual de riesgos, cumplimiento regulatorio y revisiones en materia de competencia económica. El capital estratégico sigue considerando a México como una plataforma de integración regional, capaz de absorber inversión sofisticada en activos bien estructurados.
Sin embargo, el nearshoring enfrenta limitaciones estructurales: disponibilidad energética y escasez de personal especializado. La atracción de inversión requiere infraestructura energética suficiente, estabilidad regulatoria y capital humano capacitado. La ausencia de estos elementos puede derivar en cancelaciones o migración de proyectos.
México conserva ventajas como ubicación estratégica, tratados comerciales y experiencia industrial. Pero transformar esas ventajas en condiciones permanentes requiere coherencia entre política industrial, regulación energética y desarrollo de capital humano. La certidumbre jurídica y la agilización de permisos son factores clave para la sostenibilidad del dinamismo transaccional.



