La MET Gala, celebrada el primer lunes de mayo, no solo es conocida por sus vestidos de alta costura, sino también por su estricto menú, aprobado personalmente por Anna Wintour. Detrás del glamour, existe un protocolo gastronómico que busca evitar cualquier incidente que pueda arruinar un vestido de medio millón de dólares o el aliento de una supermodelo.
El catering, diseñado por Olivier Cheng, excluye ingredientes como el perejil y el cilantro, que pueden quedar atrapados entre los dientes. También se prohíben el ajo y la cebolla cruda, por el mal aliento que generan en un ambiente cerrado donde los invitados conversan de cerca.
Las salsas espesas de tomate o jugos de frutos rojos están descartadas, ya que una salpicadura podría dañar un vestido de diseñador. En su lugar, se usan salsas claras, reducciones de vino blanco o purés densos. Las sopas consomé también se evitan por el riesgo de derrame, especialmente porque muchos invitados usan corsés que limitan el movimiento.
Los aperitivos deben ser de un solo bocado, sin alimentos que se desmoronen, como hojaldre. El pan servido es suave, tipo brioche, para evitar migas. Las proteínas son pescado blanco o solomillo bien sellado, acompañados de vegetales firmes como espárragos o zanahorias baby, fáciles de pinchar sin esfuerzo.
En ediciones recientes, el menú se ha vuelto completamente basado en plantas, como una declaración de sostenibilidad. Aunque las porciones son pequeñas y muchos invitados se quejan de hambre, para Wintour el objetivo es recaudar fondos para el Instituto del Vestido, no saciar el apetito.



