Un pueblo perdido y un aguardiente mágico
La escritora colombiana Andrea Mejía (1978) publica su más reciente novela, La sed se va con el río (Alfaguara), que parte de un pueblo remoto entre montañas donde los habitantes calman su sed existencial con un aguardiente de bejuco prehispánico. La obra forma parte del Mapa de las Lenguas 2026, iniciativa que difunde lo mejor de la literatura actual en los 21 países hispanohablantes.
Jeremías, el vidente ciego
La trama sigue a Jeremías, un vidente ciego y sabio que provee el aguardiente a los pobladores, permitiéndoles materializar sus sueños y deseos. Todo cambia cuando Jeremías se pierde en el páramo. “El páramo, el río y la selva. Son tres territorios diferentes que están fusionados. Propongo al río Nauyaca como personaje y a la naturaleza como atmósfera literaria”, comenta Mejía en entrevista.
El agua como vida y metáfora
La doctora en Filosofía destaca la presencia del agua en la trama: “El agua no sólo da la vida, sino que ella misma está viva; y, en esta novela, se siente el recorrido del río. El hecho de que la bebida mágica que toman los personajes para ver la realidad de una forma más profunda sea el aguardiente tiene un significado especial”. Para Mejía, el movimiento del río es una metáfora de la vida: “no cesa, no se puede capturar, pero es una misma corriente”.
Inspiración en ríos reales
La autora confiesa que un río real fue el punto de partida. “Recorrí un río semejante, no tiene el mismo nombre; pero le metí componentes de ríos que quiero mucho, porque en los territorios indígenas son sagrados”. Mejía considera que la naturaleza posee una virtud literaria: “Está llena de sonidos, de colores, formas, imágenes; entonces, si te apoyas en ella para narrar, tendrás una narración plena, real, que se siente”.
La naturaleza como conciencia
“La naturaleza es cada vez más importante en mi obra. Creo que ella es la que escribe a través mío. Pero no como una colección de objetos que tenemos afuera, sino como una consciencia abarcante a la que pertenecemos y de la que, tristemente, nos hemos separado”, agrega. En la novela, personajes ambiguos como Lidia, Patas de Mirlo y Esther conviven en un mundo donde el agua permite el tránsito entre vivos y muertos.
Influencia de Juan Rulfo
“La obra de Juan Rulfo me ha influenciado mucho. El páramo juega un papel importante en la novela como imagen espiritual. Jeremías se pierde en el páramo y ahí se reencuentran los tres personajes ya muertos”, indica Mejía. Concluye que sus personajes “sienten una sed que buscan saciar, ansiedad, soledad; pero también alegría y ganas de celebrar la vida. Saben que necesitan de la naturaleza, que son ella. Ese es el sentimiento que está de fondo. La separación entre hombre y naturaleza es artificial”.



