Este miércoles 17 de junio de 2026 falleció el historiador italiano Carlo Ginzburg, a los 87 años, una de las figuras más influyentes de la historiografía contemporánea y el intelectual que redefinió la manera de observar el pasado al colocar en el centro de la investigación histórica a quienes durante siglos habían permanecido fuera del relato oficial: campesinos, marginados, perseguidos y sectores populares. Considerado el principal referente de la microhistoria, dejó una obra que transformó no solo el estudio de la historia sino también la manera de escribirla y pensarla.
¿Quién fue Carlo Ginzburg?
Nacido en Turín en 1939, Ginzburg perteneció a una familia profundamente ligada a la vida intelectual italiana. Fue hijo de la escritora Natalia Ginzburg y del intelectual y editor antifascista Leone Ginzburg, quien murió en una prisión del régimen fascista en 1944 después de ser detenido y torturado. La muerte temprana de su padre y el crecimiento bajo el cuidado de su madre marcaron de manera decisiva su visión del mundo. Natalia Ginzburg desarrolló paralelamente su carrera literaria y editorial mientras transmitía a su hijo una relación cotidiana con la lectura, la reflexión crítica y la memoria histórica. A ese ambiente se sumó la influencia de su abuelo materno, el científico Giuseppe Levi, cuya trayectoria también contribuyó a consolidar una tradición familiar orientada al conocimiento y la investigación.
Ginzburg se formó en la Scuola Normale Superiore de Pisa y posteriormente alcanzó el grado de profesor emérito de esa institución. Su carrera académica se extendió a universidades europeas y estadounidenses, entre ellas Bolonia, Harvard, Yale, Princeton y UCLA. Sin embargo, el reconocimiento internacional no provino únicamente de su labor docente, sino de una propuesta historiográfica que cuestionó los métodos dominantes del siglo XX.
La microhistoria, el legado de Ginzburg a las ciencias sociales
Su principal contribución fue el desarrollo y consolidación de la microhistoria, una corriente que propuso cambiar la escala de análisis histórico. En lugar de concentrarse exclusivamente en procesos políticos, económicos o institucionales de gran alcance, Ginzburg sostuvo que el estudio detallado de individuos concretos y situaciones aparentemente menores podía revelar estructuras culturales más amplias. Su pregunta de fondo atravesó toda su obra: cómo recuperar históricamente la experiencia de quienes dejaron pocas huellas documentales.
La obra que sintetizó esta propuesta fue El queso y los gusanos, publicada originalmente en 1976 y convertida con el tiempo en uno de los libros de historia más influyentes del último medio siglo. En ella reconstruyó la historia de Domenico Scandella, conocido como Menocchio, un molinero del siglo XVI procesado por la Inquisición por sostener una visión heterodoxa del origen del mundo. Menocchio imaginaba que el universo había surgido de una masa primordial semejante al queso, de la cual nacieron gusanos que luego se transformaron en ángeles. Más allá de la singularidad del personaje, el hallazgo metodológico de Ginzburg consistió en demostrar que detrás de una vida anónima podían encontrarse conexiones profundas entre cultura oral, lectura popular, religión y poder.
¿Cuáles son las obras más reconocidas de Carlo Ginzburg?
Entre sus obras más importantes además de la ya citada El queso y los gusanos, destaca también Los benandanti, publicada en 1966, una investigación pionera sobre brujería y cultos agrarios entre los siglos XVI y XVII que ya anticipaba muchas de las preocupaciones metodológicas que desarrollarían después sus trabajos más conocidos. Años más tarde publicó Mitos, emblemas e indicios, aparecida en 1986, donde formuló el llamado paradigma indiciario: una propuesta historiográfica que entiende el trabajo del historiador como una reconstrucción basada en señales, rastros y fragmentos documentales. Posteriormente amplió estas reflexiones en Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia, publicado en 1998, una obra dedicada al problema de la interpretación histórica, la distancia temporal y el extrañamiento frente al pasado. También sobresale Historia nocturna. Un desciframiento del aquelarre, aparecida en 1989, donde exploró la persistencia de imaginarios culturales vinculados con la brujería y las creencias populares.
El legado de Ginzburg más allá de la Historia
Su trabajo dialogó con la tradición de la escuela de los Annales, representada por Marc Bloch, Lucien Febvre y Fernand Braudel, aunque se apartó de las explicaciones excesivamente estructurales para privilegiar el análisis de experiencias concretas. En Italia, sus investigaciones generaron debates intensos: algunos críticos consideraban que se concentraba en casos demasiado excepcionales o anecdóticos, mientras que otros intelectuales defendieron el alcance renovador de su propuesta.
Una de las innovaciones centrales de Ginzburg fue recuperar el valor de la narración histórica en una época en que parte de la academia privilegiaba modelos más cuantitativos o impersonales. Para él, contar historias no era una renuncia al rigor, sino una forma de hacer visible la complejidad humana detrás de los documentos. Insistía en que la historia debía escribirse no únicamente para especialistas, sino también para lectores más amplios capaces de reconocer en el pasado preguntas vigentes sobre el presente.
Otro de los aportes duraderos de su obra fue demostrar que el archivo no es un depósito neutro de hechos, sino un espacio atravesado por silencios, ausencias y relaciones de poder. Ginzburg convirtió el trabajo con expedientes judiciales, procesos inquisitoriales y documentos marginales en una forma de reconstruir aquello que parecía perdido. Su método influyó de manera decisiva en la historia cultural, la antropología histórica y en corrientes posteriores interesadas en las voces subalternas y la experiencia cotidiana.
Durante el siglo XX, sus ideas ayudaron a desplazar el interés historiográfico desde las élites hacia sujetos históricamente invisibilizados. Contribuyó a fortalecer enfoques como la historia desde abajo, los estudios culturales y las investigaciones sobre memoria, prácticas sociales y formas alternativas de conocimiento. Su influencia alcanzó disciplinas más allá de la historia, incluyendo la literatura, la filosofía, el análisis cultural y los estudios visuales.



