El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, figura central del pensamiento europeo contemporáneo y gran representante de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, ha muerto a los 96 años. Nacido en Düsseldorf en 1929, dedicó su obra a pensar cómo las sociedades modernas pueden sostener una vida democrática basada en la discusión racional, la ética del discurso y la acción comunicativa.
Autor de textos fundamentales como Historia y crítica de la opinión pública y Teoría de la acción comunicativa, Habermas reivindicó el legado de la Ilustración, la vigencia de la razón y la posibilidad de una esfera pública crítica. Fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003 y tuvo una voz influyente en debates sobre Europa, el constitucionalismo y el papel de los medios.
Su teoría de la acción comunicativa y su ética del discurso propusieron que la legitimidad política surge del diálogo entre ciudadanos libres e iguales, capaces de argumentar y justificar sus posiciones, frente a la imposición del poder económico o burocrático. Esta confianza en la fuerza del mejor argumento lo convirtió en una figura de intelectual público que intervenía en grandes debates sin renunciar al rigor teórico.
La relación de Habermas con España fue especialmente intensa desde la Transición, cuando muchos juristas, sociólogos y filósofos encontraron en su pensamiento herramientas para pensar el paso de la dictadura a la democracia. Sus ideas influyeron en debates sobre la Constitución, el papel de la opinión pública, el terrorismo y la memoria histórica. Varias de sus obras clave se tradujeron pronto al castellano.
En el contexto europeo, España fue para Habermas un ejemplo de cómo una democracia joven podía integrarse en un proyecto comunitario basado en derechos fundamentales y solidaridad. Criticó tanto los excesos del mercado como las respuestas tecnocráticas a las crisis, y siguió fenómenos como el 15M como síntomas de búsqueda de participación más profunda. Su muerte deja un vacío intelectual en España y el mundo.



