El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) presentó su Informe de movilidad social en México 2025, que revela que el 78% de las personas nacidas en los dos quintiles más pobres del país no consiguen superar la línea de pobreza por ingresos. Este fenómeno, denominado "suelo pegajoso", evidencia que las oportunidades de ascenso social están severamente limitadas por el origen familiar.
El legado de la cuna: la pobreza se hereda
El informe, basado en la Encuesta ESRU de Movilidad Social en México 2023 (ESRU-EMOVI), muestra que 50 de cada 100 personas que nacen en el 20% más pobre de la población permanecen en ese mismo nivel durante su vida adulta. La posibilidad de alcanzar el quintil más alto de ingresos es mínima: solo 2 de cada 100 logran ese ascenso. En contraste, 51 de cada 100 personas nacidas en el quintil más alto mantienen su posición privilegiada, y apenas 1 de cada 100 cae al grupo de menores ingresos.
El CEEY subraya que el esfuerzo individual sigue condicionado por factores fuera del control de las personas, como la familia de origen, el patrimonio de los padres y el acceso a educación de calidad desde la infancia. Al menos el 48% de la desigualdad de ingresos en México se explica por estas circunstancias heredadas, siendo el patrimonio familiar el factor más influyente, seguido por el nivel educativo de los padres.
El lastre de la desigualdad heredada
El estudio identifica que la educación de los padres es un determinante crucial. Un hijo de padres con estudios profesionales tiene un 63% de probabilidad de alcanzar ese mismo nivel educativo, mientras que si los padres solo cursaron primaria, la probabilidad cae al 9%. Esto significa que las oportunidades de concluir una carrera universitaria son siete veces mayores cuando los padres tienen educación superior.
Además, la región de nacimiento marca diferencias profundas. En la región Centro-Norte, la permanencia en el quintil más bajo alcanza el 31%, mientras que en el sur del país la cifra se dispara al 64%, reflejando una brecha territorial significativa en las oportunidades económicas.
Brechas que marcan el destino: género y tono de piel
El informe también documenta que las personas con tonos de piel más oscuros enfrentan mayores barreras para ascender socialmente. El 57% de ellas permanece en el quintil inferior, frente al 34% de las personas de piel clara. La diferencia se agrava en el caso de las mujeres de piel oscura, quienes presentan los niveles más altos de permanencia en condiciones de desventaja económica.
Estos datos confirman que la desigualdad en México no solo es económica, sino también racial y de género, perpetuando un ciclo de pobreza difícil de romper.
México en el contexto global: alta desigualdad de oportunidades
La investigación del CEEY compara a México con otros 50 países y lo sitúa entre las diez naciones con mayor desigualdad de oportunidades. Mientras algunas regiones del norte del país presentan indicadores similares a los de economías con menores brechas sociales, el sur registra niveles comparables con las economías más desiguales del mundo.
Este panorama se refleja en las cifras de pobreza. Según la Medición de la Pobreza Multidimensional 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 38.5 millones de personas (29.6% de la población) vivían en pobreza en 2024, y 6.9 millones (5.3%) en pobreza extrema. Aunque estas cifras representan una disminución respecto al 41.9% de 2018, la movilidad social sigue estancada.
De la pobreza a la riqueza: un abismo persistente
En contraste con la pobreza generalizada, México cuenta con solo 22 multimillonarios, cuya riqueza combinada ascendía a 167,100 millones de dólares en abril de 2025, según el Billionaire Ambitions Report 2025 de UBS. Esta concentración de riqueza contrasta con la dificultad que enfrentan millones de personas para mejorar su situación económica.
El informe del CEEY concluye que, a pesar de los avances en la reducción de la pobreza, el "suelo pegajoso" y las barreras estructurales perpetúan la desigualdad. Las políticas públicas deben enfocarse en romper la transmisión intergeneracional de la pobreza, mejorando el acceso equitativo a educación de calidad, salud y oportunidades laborales, especialmente en las regiones más rezagadas y entre los grupos más discriminados.



