La Reserva de la Biosfera de Calakmul, en Campeche, la segunda más importante del mundo después del Amazonas, enfrenta una grave amenaza por tala clandestina, invasiones y ecocidio, según alertaron Francisco Asturias, director del Parque Nacional Mirador-Río Azul en Guatemala, y Gerardo Ceballos, ecólogo y presidente de la Alianza por la Conservación del Jaguar.
Ambos especialistas hicieron un llamado a los presidentes de Guatemala, México y Belice –César Bernardo Arévalo, Claudia Sheinbaum y Johnny Briceño– para que intervengan y eviten la destrucción de esta área protegida de 723 mil 185 hectáreas, considerada un pulmón mundial y hogar de jaguares, monos araña, monos aulladores y pecaríes de labio blanco, además de ser sitio patrimonial de la UNESCO.
Asturias y Ceballos señalaron que grupos delincuenciales realizan tala ilegal al oeste de la reserva, provocan incendios y promueven la invasión de tierras. Después de talar, utilizan maquinaria para crear senderos y ofrecer terrenos a campesinos desplazados y migrantes, quienes establecen sus viviendas y actividades en la selva talada. Cientos de personas ya han llegado, y los incendios son constantes sin intervención de las autoridades.
Los especialistas indicaron que existen vendedores que ofrecen segmentos de la selva como tierras sin dueño, pero en realidad pertenecen a ejidatarios que aceptaron que sus terrenos fueran parte de la reserva. En la ampliación forestal de Bolonchenticul, mil 800 hectáreas fueron incendiadas sin que la Secretaría de Medio Ambiente se pronunciara. El rastro de los responsables inicia en el municipio de Candelaria, Campeche, y también proviene de comunidades adyacentes al área natural protegida.
Gerardo Ceballos, responsable de la reintroducción de especies como el lobo y el bisonte en México, expresó su preocupación por la tala de especies maderables como caoba, cedro y ciricote, así como la caza de monos araña, monos aulladores y loros para su venta en mercados negros. También teme por los jaguares en peligro de extinción que habitan en Balamkú, cuya población había aumentado. “Tenemos que respetar la ley”, afirmó Ceballos, mientras que Asturias destacó: “Es de mayor utilidad preservar la selva que destruirla”.



