La temporada de huracanes del Atlántico de 2026 podría verse afectada por un fenómeno de El Niño de gran intensidad, según pronósticos actualizados de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y el International Research Institute for Climate and Society (IRI). La transición entre La Niña y El Niño, prevista para los próximos meses, podría modificar la cantidad e intensidad de tormentas que impactan las costas de América, el Caribe y otras regiones del Atlántico entre junio y noviembre de 2026.
Según informó la NOAA en su más reciente diagnóstico, la probabilidad de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto asciende al 62%, aunque algunos modelos internacionales elevan esa posibilidad hasta el 90% para un episodio fuerte o muy fuerte. El Climate Prediction Center (CPC) de la NOAA indicó que el patrón de La Niña se está debilitando y que las condiciones neutras dominarán en el corto plazo, con una transición hacia El Niño prevista para el segundo semestre de 2026.
El fenómeno de El Niño, asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, altera los patrones atmosféricos globales y suele disminuir la actividad de huracanes en el Atlántico. Según la NOAA y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), El Niño incrementa la cizalladura vertical del viento en la cuenca atlántica, lo que dificulta la organización y el fortalecimiento de tormentas tropicales. Los expertos de la OMM explican que la presencia de una cizalladura fuerte suele traducirse en temporadas menos activas en cuanto a número de tormentas y huracanes.
Sin embargo, durante la temporada de 2023, a pesar de la presencia de El Niño, la NOAA registró 20 tormentas nombradas y siete huracanes, superando el promedio histórico de 14 tormentas y siete huracanes. Esta situación se atribuyó principalmente a las temperaturas récord del Atlántico, que compensaron en parte la cizalladura generada por El Niño. El canal meteorológico Fox Weather señaló que el récord de calor en la superficie del mar alimentó la formación de tormentas en un contexto atmosférico poco favorable.
La NOAA recuerda en su guía de preparación para huracanes que solo se necesita una tormenta para causar daños importantes, por lo que el seguimiento de estos patrones meteorológicos y sus repercusiones directas en la cuenca atlántica se mantiene como uno de los principales ejes de vigilancia para la próxima temporada ciclónica.



