Descubrimiento durante obras de saneamiento
Durante la construcción de una planta de tratamiento de agua en el municipio de Tula, Hidalgo, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron una estructura de élite y dos lápidas con relieves que probablemente fueron desprendidas en la antigüedad de la Pirámide B, donde se encuentran los famosos atlantes de la zona arqueológica de Tula.
El hallazgo ocurrió en mayo de 2026 durante trabajos de salvamento arqueológico. Los especialistas reportaron que una de las lápidas muestra al dios Tlahuizcalpantecuhtli, una advocación de Quetzalcóatl, mientras que la otra representa a un felino.
Autolegitimación en la periferia de Tula
Según el arqueólogo Luis Gamboa, este contexto evidencia un caso de autolegitimación. “En una época en la que el área nuclear de Tula, quizá ya no era tan sagrada, las personas de la periferia vinieron al palacio y tomaron los símbolos necesarios para poder decirse y sentirse toltecas”, explicó en un comunicado.
La lápida del felino, en particular, completa un rompecabezas de larga data. Cuando el arqueólogo Jorge R. Acosta (1904-1975) exploró la Pirámide B o Templo de Tlahuizcalpantecuhtli a mediados del siglo XX, documentó un decorado de coyotes y felinos que avanzan de derecha a izquierda en el flanco este del monumento, pero en el oeste no encontró ninguno. La nueva lápida, con una representación de izquierda a derecha, sugiere que la procesión faunística rodeaba toda la edificación.
Materiales asociados y fechamiento
El área del salvamento arqueológico se ubica a casi 100 metros de la barda perimetral de la zona arqueológica de Tula. Allí se registraron materiales asociados como vasijas, platos, punzones de hueso, cuentas de concha, sellos y malacates, fechados entre los años 1100 y 1521 d.C.
Las lápidas de Tlahuizcalpantecuhtli (78 cm de largo por 53 de ancho) y del felino (53 cm de largo por 42 de ancho) se encuentran en proceso de limpieza con materiales compatibles para preservar sus estucos y policromía, informó el INAH.
Protección de los vestigios
En cuanto a los restos arquitectónicos, una vez registrados y consolidados, serán cubiertos con geotextil y capas de tierra para garantizar su permanencia. “El INAH ha acordado con la Comisión Estatal del Agua y Alcantarillado de Hidalgo que el área con vestigios sea reservada para construcciones de bajo impacto, las cuales no impliquen grandes pesos para las estructuras toltecas”, señaló la dependencia.
Finalmente, el arqueólogo Carlos Arriaga Mejía comentó: “Este hallazgo reitera que la poligonal de la zona arqueológica de Tula es apenas un porcentaje minúsculo de lo que fue la ciudad prehispánica. Por ello, es que sociedad y gobierno debemos sumar esfuerzos para notificar al INAH y salvaguardar cualquier descubrimiento”.



