Pescadores del municipio de Paraíso, Tabasco, han tenido que enterrar su captura del día debido a la contaminación del Río Seco con petróleo. Ángel Gustavo, pescador de la zona, señaló a Excélsior que el pescado presenta olor a combustible, lo que lo hace no apto para consumo humano ni animal. La impotencia crece porque, como pescadores libres, no tienen a quién reclamar.
Cándido Gómez Pérez, socio de la cooperativa Mecoacán, advierte que el problema podría escalar si la contaminación avanza hacia otras áreas del sistema lagunar. Mientras tanto, el alcalde de Paraíso, Alfonso Baca, se mostró confiado en que las medidas de amortiguamiento de Pemex y las instancias federales frenarán el avance, señalando que el ostión ya tiene 10 centímetros y no cree que se afecte.
El impacto también se siente en el mercado local, donde las vendedoras reportan una caída en sus ventas debido al temor de los consumidores a adquirir productos contaminados. Para mantener sus puestos activos, los comerciantes han tenido que abastecerse en Sánchez Magallanes, Jonuta y Chiapas.
Personal de Pemex, en coordinación con la Secretaría de Marina, ha desplegado un operativo para contener la contaminación y evitar que se extienda a otras zonas del sistema lagunar de Tabasco.



