En México, más de dos millones de personas padecen epilepsia, un trastorno neurológico crónico que se manifiesta a través de crisis recurrentes provocadas por descargas anormales en el cerebro. Sin embargo, no todas las crisis epilépticas se parecen a la imagen clásica de movimientos bruscos y pérdida de conciencia. Algunas pueden presentarse como una breve ausencia, movimientos involuntarios de una mano o una conducta de desconexión. Esta variedad de síntomas contribuye a la confusión, el miedo y el estigma que rodean a la enfermedad, pero también subraya la importancia de reconocer una crisis a tiempo para evitar que se convierta en una emergencia neurológica.
¿Cuándo una crisis epiléptica se vuelve emergencia?
El neurólogo pediatra Juan Carlos Reséndiz Aparicio explicó durante una conferencia sobre crisis epilépticas y tratamientos de rescate que el objetivo principal es interrumpir la crisis antes de que se prolongue. Los especialistas identificaron tres escenarios de riesgo: crisis prolongadas, crisis en racimo y estado epiléptico. Una crisis prolongada es aquella que dura más de cinco minutos en ciertos tipos de crisis. Las crisis en racimo ocurren cuando hay un aumento anormal en la frecuencia de episodios, como más de tres crisis en 24 horas o más de dos en seis horas. El estado epiléptico es una emergencia neurológica en la que la actividad epiléptica se mantiene por un tiempo excesivo, pudiendo causar daño cerebral, secuelas e incluso la muerte.
La importancia del tiempo en la atención
El neurólogo Alejandro Olmos, jefe del Departamento de Neuropediatría del Hospital General de Cuernavaca Dr. José G. Parres, destacó que el traslado a urgencias no siempre es rápido. En una ciudad con tráfico, cinco minutos pueden ser insuficientes para llegar al hospital más cercano. Por ello, los especialistas insistieron en la necesidad de actuar con rapidez y precisión. Durante una crisis, no se debe sujetar a la persona ni introducir objetos en su boca. En su lugar, se recomienda registrar la hora de inicio, retirar objetos peligrosos, proteger la cabeza, aflojar la ropa ajustada y observar cómo comenzó la crisis. Esta información es crucial para que el médico identifique el tipo de episodio y decida el manejo adecuado.
Medicamento de rescate bucal: una opción antes de llegar al hospital
En este contexto, se presentó en México un medicamento bucal de rescate para crisis epilépticas prolongadas o en racimo. Se trata de una presentación transmucosa de midazolam, diseñada para absorberse a través de la mucosa de la boca. El midazolam bucal puede ser administrado por cuidadores capacitados antes de llegar al hospital, siempre que el médico lo haya indicado para un paciente específico. Según Olmos, “el midazolam bucal es más fácil capacitar a un familiar o cuidador de cómo aplicarlo en la boca que intramuscular o por la vena”. El efecto puede iniciar en dos a tres minutos y controlar una proporción importante de crisis con una sola dosis. El medicamento viene en jeringas prellenadas con colores para facilitar su identificación por edad y dosis, pero su uso debe formar parte de un plan médico individual.
No sustituye la atención de urgencias
Los especialistas subrayaron que este tratamiento no reemplaza la atención de urgencias. Aun cuando la crisis ceda, puede ser necesario acudir a valoración médica, especialmente si el episodio fue prolongado, si se repite, si hubo lesión o si es diferente a lo habitual. La llegada de esta presentación abre una posibilidad para actuar antes de que una crisis avance, pero el mensaje de fondo no es solo farmacológico: reconocer la epilepsia, nombrar correctamente las crisis y saber cuándo pedir ayuda puede evitar complicaciones. Los especialistas también pidieron cambiar el lenguaje: “No hablemos de convulsiones, hablemos de crisis epilépticas”, afirmó Reséndiz Aparicio, ya que no todas las crisis implican movimientos.



