En los meses fríos, la congestión nasal, el dolor de garganta y el malestar general son consultas frecuentes. Sin embargo, detrás de síntomas similares pueden esconderse cuadros muy diferentes. El Ministerio de Salud de la Nación informó en el Boletín Epidemiológico Nacional que el crecimiento de virus respiratorios en Argentina se intensificó en las últimas semanas, y la influenza A (H3N2), conocida como “supergripe”, representó la mayoría de los casos registrados. Entre la semana 1 de 2025 y la 18 de 2026, el subclado J.2.4.1/(K) de H3N2 fue el más frecuente, con presencia en todas las regiones del país y mayor concentración en el Noroeste y Centro.
Distinguir entre gripe A H3N2 y resfrío común es fundamental para controlar la transmisión y evitar complicaciones. Mientras el resfrío se presenta como una molestia leve y pasajera, con estornudos, secreción nasal y congestión que alcanza su punto máximo entre el segundo y tercer día, la gripe tiene un inicio brusco con fiebre alta, dolores musculares intensos y agotamiento. “La diferencia no siempre está en qué síntomas aparecen, sino en la intensidad y persistencia”, explican desde Mayo Clinic.
El doctor Gregory Poland, de Mayo Clinic, señaló que una persona puede sentirse bien por la mañana y terminar el día con fiebre, dolores musculares y necesidad de permanecer en cama. La fiebre suele durar entre dos y cuatro días, mientras que el cansancio puede prolongarse una semana o más. “Es posible que no se sienta completamente recuperado hasta pasadas dos semanas”, añadió.
El margen de tiempo para iniciar antivirales es decisivo. El doctor Scott Braunstein recomendó buscar atención médica temprana en adultos mayores de 65 años, niños menores de cinco, embarazadas y personas con enfermedades crónicas como asma o diabetes. Señales de alerta incluyen fiebre persistente, dificultad respiratoria, dolor en el pecho o empeoramiento después de varios días.
La capacidad de contagio de la gripe es mayor que la del resfrío. Una persona puede transmitir el virus desde un día antes del inicio de los síntomas hasta cinco o siete días después. En niños, el período contagioso puede prolongarse más de una semana. Los especialistas recomiendan permanecer en casa mientras existan síntomas como fiebre o tos, y adoptar medidas básicas como lavado frecuente de manos, cubrirse al toser o estornudar y evitar tocarse la cara.



