El tifus, una enfermedad que parecía cosa del pasado, ha regresado con fuerza y está alcanzando niveles récord de contagio en Estados Unidos, especialmente en California y Texas. De acuerdo con especialistas de la Mayo Clinic, el tifus transmitido por pulgas es causado por la bacteria Rickettsia typhi y su repunte inusual se debe a una combinación de factores ecológicos y urbanos.
El crecimiento desmedido de poblaciones de animales silvestres como zarigüeyas y ratas en áreas residenciales densamente pobladas ha creado un puente directo para que las pulgas infectadas lleguen a los hogares. La acumulación de desechos y los cambios en el entorno urbano permiten que los reservorios de la enfermedad prosperen cerca de las viviendas, acelerando la propagación.
El contagio ocurre principalmente a través de la picadura de pulgas infectadas que saltan de animales como ratas, zarigüeyas o gatos. La bacteria entra al cuerpo cuando las heces de la pulga se frotan en la herida de la picadura o en otras mucosas. No se transmite de persona a persona, pero el contacto con animales portadores es el factor de riesgo principal.
Los síntomas del tifus suelen aparecer entre siete y catorce días después del contacto inicial. Incluyen fiebre alta repentina, dolor de cabeza intenso, dolores musculares y una erupción cutánea característica que comienza en el tronco y se extiende hacia las extremidades. Es común que estos signos se confundan con una infección viral común, lo que retrasa el tratamiento.
El tratamiento estándar consiste en el uso de antibióticos específicos que deben administrarse lo antes posible tras el diagnóstico. Para la prevención, se recomienda mantener a los animales silvestres lejos de la casa, limpiar zonas donde puedan anidar roedores y evitar el contacto con pulgas. La vigilancia epidemiológica está en alerta máxima para contener estos brotes.



