Carlos Loret de Mola revela en su columna que, en Sinaloa, el verdadero poder no lo ejercía el gobernador Rubén Rocha Moya, sino su secretario de Gobierno, Enrique Inzunza. Según testimonios de personas que compartieron reuniones con él, Inzunza se sentaba en la cabecera, nadie lo interrumpía y muchos no sabían si estaban frente al líder del gobierno o del cártel, o ambos.
Durante los primeros tres años de la administración de Rocha, Inzunza hizo y deshizo a su antojo, sintiéndose impune. Superó acusaciones de acoso sexual contra una jueza, con video incluido, y luego arrasó en la elección para senador en 2024. Los empresarios sabían que para resolver problemas como robos o extorsiones, los canales confiables eran Inzunza y el secretario de Administración y Finanzas, Enrique Díaz, quienes resolvían mágicamente los asuntos, generando dudas sobre si era acción del Estado o servicio del cártel.
Inzunza también controlaba el Poder Judicial local: su hermana, magistrada del Tribunal Electoral, avaló el triunfo de Rocha en la gubernatura. Hermanos, sobrinos y una prima completan un árbol de nepotismo. En el gobierno estatal, Inzunza palomeaba puestos clave, definía contratos de obra y disponía de efectivo. Testimonios recientes confirman esto.
Fuentes de primer nivel indican que, tras reuniones de seguridad, Inzunza se comunicaba con un enlace del crimen organizado, compartiendo la minuta casi en tiempo real. Esto sería central en la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Generando miedo y repartiendo dinero, Inzunza controló escándalos, ganó la elección al Senado y estaba listo para buscar la gubernatura en 2027.
En la elección de 2021, el famoso queretano que debía espiar finanzas criminales prefirió espiar a opositores y armar expedientes, entregándolos a candidatos de Morena para presionar y chantajear. Algunos gobernadores actuales lo platicaban abiertamente.



