Un ataque de hombres armados en la localidad de Dutsin Dan Ajiya, estado de Zamfara, al noroeste de Nigeria, dejó al menos 50 personas fallecidas y un número indeterminado de mujeres y niños secuestrados, según informaron autoridades locales y medios de comunicación. El asalto ocurrió entre la madrugada del jueves y la mañana del viernes, cuando decenas de bandidos llegaron en motocicletas, rodearon la comunidad y bloquearon todos los accesos antes de abrir fuego indiscriminadamente.
Hamisu Faru, portavoz de las autoridades locales, declaró que el recuento inicial de víctimas fue de 41 cadáveres, pero que informes posteriores elevaron la cifra total a más de 50. Además, señaló que más de 30 o 40 mujeres y niños fueron secuestrados y trasladados al bosque. Los atacantes portaban armas automáticas y actuaron sin distinción, disparando a cualquiera que encontraban a su paso, según testimonios recogidos por el diario nigeriano Punch.
Los asaltantes incendiaron los almacenes de alimentos y otras provisiones esenciales, destruyendo por completo las reservas de víveres de la comunidad. Tras el ataque, muchos habitantes comenzaron a abandonar la localidad ante la escasez absoluta de alimentos y la incertidumbre sobre el destino de sus familiares secuestrados. La emisora alemana DW reportó que el ataque incrementó el clima de miedo en esta región afectada por la violencia recurrente de grupos armados.
Faru criticó la reacción de las fuerzas de seguridad, a quienes informaron en tiempo real sobre el desarrollo de los hechos. Relató que se solicitó apoyo aéreo y que, aunque una aeronave localizó a los atacantes, no neutralizó ningún objetivo. El contacto con las autoridades se mantuvo hasta las 3:30 de la madrugada, sin que la intervención impidiera la fuga de los asaltantes y el secuestro de decenas de personas.
Este ataque se suma a otro ocurrido dos días antes en el estado de Kebbi, donde 33 ganaderos fallecieron en un asalto similar. Desde el miércoles, el recuento total de víctimas por ataques en el noroeste de Nigeria supera las 80 personas muertas, según funcionarios y medios locales. Los grupos armados, conocidos localmente como "bandidos", se dedican al secuestro, la extorsión y el robo a gran escala, enfrentando a las fuerzas estatales y provocando el desplazamiento forzado de numerosas comunidades.
La situación de inseguridad en Zamfara ha convertido a la zona en escenario habitual de masacres y asaltos masivos, incrementando la presión sobre las autoridades federales y estatales para responder de manera efectiva. Los afectados demandan una mayor presencia militar y refuerzo de las medidas de prevención ante la persistencia y brutalidad de estos delitos. Las consecuencias sociales incluyen el aumento de desplazados, la pérdida de medios de vida y la desintegración de comunidades rurales atrapadas entre la violencia y la falta de protección oficial.



