En los templos católicos y en calles, caminos y veredas de muchos pueblos comienzan las conmemoraciones del tormento y muerte de Jesucristo. Numerosos participantes llevan clavada una espina en el corazón por sus propios muertos o desaparecidos, o por los 'todavía sin identificar', una nueva categoría de víctimas de los cárteles que el régimen ha creado para adelgazar las cifras de muertos en sus malabarismos estadísticos.
Es imposible engañar a un pueblo que vive en la inseguridad y el temor en grandes territorios bajo control de las bandas criminales, o a merced de la guerra entre ellas bajo la ley del más fuerte, una vez destruidas las instituciones del estado de derecho. Tampoco sería factible engañar a Trump y sus halcones con esos reacomodos de cifras, si se busca quitarse de encima su amenazante supervisión de México.
La expresión 'vía crucis' significa 'camino de cruces', señalado por cruces y altares construidos en las últimas moradas de los muertos. En México hay caminos de altares, como los que flanquean a los peregrinos en la Calzada de Guadalupe o en la de los Misterios. Sin embargo, para los niños de varios estados no hay misterio ni cruces en los caminos de Sinaloa, Guerrero, Michoacán y otros, porque sus muertos yacen en fosas clandestinas. Las madres buscadoras tienen como objetivo poner una cruz por sus deudos en el camino donde los 'levantaron', 'cazaron' o 'ejecutaron'.
La inventiva engañosa del régimen no parece tener límites. Todavía no informa del origen de la mancha de petróleo que causa estragos ecológicos y amenaza con llegar a las costas de Texas. La presidenta ofreció investigar lo que se publica en la prensa, reforzando la especie de que se encubre a otro hampón del huachicol. La secretaria de Medio Ambiente ofreció una muestra de la 'neolengua' de 1984: 'No es derrame: es descarga'.
Si la función de la Comisión de Derechos Humanos es encubrir o justificar excesos de los aparatos de seguridad, la secretaría del medio ambiente sirve para proteger a sus depredadores. El fundador del Cisen, Jorge Carrillo Olea, observó que el gabinete de Seguridad es como una mesa de redacción de tercera, donde se decide qué se publica, qué se oculta, qué se distorsiona y a quién se culpa.



