La impartición de justicia en México atraviesa un proceso de transformación profunda, dejando atrás la idea de que la legalidad debe ser una esfera ajena a la realidad humana. En el centro de este cambio se encuentra la Magistrada Magda Zulema Mosri Gutiérrez, quien, desde el Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA), ha liderado un esfuerzo institucional por integrar la perspectiva de género como un eje rector constitucional.
Un punto de inflexión: el caso Campo Algodonero
Para comprender este cambio, es necesario remontarse al año 2009, un punto de inflexión marcado por la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso “González y otras contra México” (Campo Algodonero). Según explica la Magistrada Mosri Gutiérrez, este fallo obligó al Estado mexicano a reconocer que las autoridades judiciales a menudo reproducían estereotipos de género en sus investigaciones y sentencias. “Ahí fue donde se condenó al Estado a aplicar la perspectiva de género como categoría de análisis en asuntos que implican violencia o discriminación por ser mujeres”, sostiene.
Más allá de la frialdad administrativa
Históricamente, el derecho administrativo y fiscal ha sido catalogado como un campo “árido” o de “datos duros”, donde los números y la burocracia predominaban sobre cualquier contexto humano. Sin embargo, la Magistrada Mosri Gutiérrez desafía esta visión. Bajo su perspectiva, la justicia ya no puede ser ciega; al contrario, debe “quitarse la venda” para identificar las situaciones asimétricas de poder.
La Magistrada subraya cómo esta nueva forma de juzgar ha permitido transformar vidas. Desde la anulación de impuestos a productos de gestión menstrual —“que cargaban injustamente sobre la economía de las mujeres”— hasta el reconocimiento de derechos pensionarios para concubinas, incluso en casos militares. “En materia fiscal, hemos dado cuenta de sentencias que transforman vidas; cuando una concubina presenta un juicio para salvar el patrimonio familiar, estamos aplicando la perspectiva de género para hacer efectivo el derecho a la igualdad”, explica.
Los tres pilares de una institución en transformación
La estrategia del TFJA para consolidar este cambio se sostiene sobre tres pilares fundamentales. Primero, la promoción y difusión de los derechos humanos, convirtiéndolos en un tema de conversación constante. Segundo, la formación y capacitación jurisdiccional, asegurando que jueces y magistrados sepan aplicar metodologías como el test de proporcionalidad o el control de convencionalidad al evaluar casos.
El tercer pilar es la política institucional interna. El tribunal no solo imparte justicia con este enfoque, sino que lo vive: la implementación de 26 salas de lactancia en todo el país, licencias de paternidad, certificación en igualdad laboral, baños neutros y protocolos contra el acoso laboral y sexual son, según la Magistrada, pruebas de una transformación sistémica. “Una sentencia con perspectiva de género es un triunfo, pero una institución con perspectiva de género es una revolución”, afirma enfáticamente.
El desafío del elemento humano
A pesar de los avances, la Magistrada reconoce que el mayor reto no reside en los manuales ni en los protocolos, sino en el elemento humano. “La legalidad sin empatía corre el riesgo de convertirse únicamente en burocracia”, advierte. La Magistrada Mosri Gutiérrez admite que, tras más de mil cursos y talleres, el verdadero avance se logra cuando el personal adopta estos valores por convicción propia y no por imposición. El liderazgo, dice, ya no es exclusivo de las altas esferas; debe permear en cada servidor público.
La Magistrada es consciente de que las sentencias, por sí solas, no resolverán las desigualdades estructurales de México. Se requiere una política pública que redistribuya el gasto y una sociedad que exija cambios reales. “El desafío es grande, pero existe un compromiso inquebrantable de quienes formamos parte de este tribunal para contribuir a que la labor jurisdiccional responda a la demanda de justicia de las personas”, concluye.



