El Mundial 2026, que comenzó este jueves con la victoria de México sobre Sudáfrica, no solo es histórico por ser la primera Copa del Mundo con 48 selecciones, sino también por alcanzar un récord de 289 futbolistas que representan a un país diferente al de su nacimiento. Esto significa que casi uno de cada cuatro de los 1,248 jugadores convocados nació en una nación distinta a la que defiende.
México y su diversidad de origen
México, uno de los tres anfitriones, cuenta con cinco jugadores nacidos en el extranjero, la cifra más alta en su historia mundialista, superando los registros de Suiza 1954 y Suecia 1958. Julián Quiñones, autor del primer gol del torneo, nació en Colombia y representó a ese país en categorías inferiores, pero se naturalizó mexicano en 2023. Santiago Giménez, hijo de una leyenda del fútbol mexicano, nació en Buenos Aires, Argentina, pero creció en México y optó por la selección tricolor. Álvaro Fidalgo es originario de España, mientras que Obed Vargas y Brian Gutiérrez nacieron en Estados Unidos y representaron a ese país en juveniles antes de elegir a México.
Casos extremos de selecciones con mayoría extranjera
El caso mexicano es moderado comparado con otras selecciones. El 96% de los jugadores de Curazao nacieron en el extranjero, principalmente en Países Bajos. Le siguen República Democrática del Congo con 85% y Marruecos con 73%. En total, ocho de las 48 selecciones tienen mayoría de futbolistas nacidos fuera del país que representan.
Un fenómeno en crecimiento desde 2003
Desde que la FIFA permitió en 2003 que jugadores internacionales en categorías juveniles pudieran cambiar de selección absoluta, el número de futbolistas que optan por representar al país de sus padres o ancestros ha aumentado significativamente. Esto ha llevado a que muchos talentos den la espalda a potencias europeas para vestir los colores de naciones con las que tienen vínculos familiares.
El fútbol como reflejo de la migración global
José Samuel Martínez López, profesor del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, señala que el fútbol siempre ha estado ligado a la migración. Surgió en la época victoriana con la expansión imperial británica y desde entonces los trabajadores llevaron el deporte a las colonias. En 1938, el 12% de los jugadores ya representaban a un país diferente al de su nacimiento, antes de que la FIFA regulara la elegibilidad en 1962.
El especialista explica que el poder económico y mediático del fútbol se concentra en Europa, que atrae talentos de América Latina, Asia, Oceanía y África. Esto crea un círculo vicioso: las ligas locales pierden a sus mejores jugadores, disminuye su calidad y el interés del público, lo que reduce las ganancias. “Los mejores talentos migran a Europa y solo regresan cuando son viejos o están lesionados”, afirma.
Selecciones multiculturales reflejan sociedades europeas
Las selecciones modernas también son un espejo de las sociedades europeas multiculturales, producto de décadas de migración. Países como Francia y España integran a hijos de inmigrantes de Medio Oriente, Asia Central y África, rompiendo con la idea de “pureza racial” y demostrando que los mercados necesitan de estos talentos para el éxito deportivo.
Ventajas de la migración en el rendimiento
Un estudio de la Universidad de Georgetown que analizó los Mundiales entre 1970 y 2018 encontró que los equipos con más jugadores nacidos en el extranjero suelen avanzar más en el torneo. Cada jugador adicional nacido en el extranjero se asocia con 0.15 partidos más jugados, incluso considerando diferencias económicas y de tradición futbolística.
Desde 2025, 210 jugadores han cambiado de nacionalidad deportiva gracias a una actualización del reglamento de la FIFA en 2020, que permite el cambio si no han participado en una fase final de una gran competición. Ejemplos recientes incluyen a Luca Zidane, hijo de la leyenda francesa, quien optó por Argelia, la nación de sus abuelos, aunque una lesión en la mandíbula pone en duda su participación en el Mundial. Achraf Hakimi, nacido en Madrid, eligió a Marruecos por “el corazón”, mientras que Lamine Yamal, de padre marroquí, decidió jugar para España.
La decisión de representar a un país distinto al de nacimiento no solo responde a lazos emocionales, sino también a estrategias deportivas, como lo demuestra el éxito de selecciones multiculturales en torneos recientes.



