Cambio climático desplaza a pescadores de El Bosque; reubicación lejos del mar
Cambio climático desplaza a pescadores de El Bosque

El impacto financiero y social del calentamiento global ha alcanzado un punto de no retorno en el sureste mexicano, transformando los costos ambientales en una crisis de movilidad humana. La comunidad pesquera de El Bosque, en Centla, Tabasco, es formalmente el primer referente del país donde la pérdida de infraestructura costera obligó el desplazamiento, pero con una reubicación lejos del mar.

Desplazamiento forzado y falta de planeación

“Tuvimos que irnos, somos la primera comunidad de desplazados climáticos, el desplazamiento forzado que a veces no se ve, pero que en México existe y existe mucho”, afirma Guadalupe Cobos, líder comunal, al describir la magnitud de una problemática que la economía global aún no termina de cuantificar.

La estrategia de reubicación implementada por el gobierno federal trasladó a la población a un nuevo fraccionamiento residencial ubicado a más de 30 minutos del litoral, lo que generó un desajuste estructural entre la vivienda y la fuente de ingresos de los beneficiarios. La falta de planeación integral y de visión de negocios en el diseño del nuevo asentamiento elevó los costos de traslado y los riesgos operativos para los productores del mar.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

“Nosotros pescamos aquí, claro que nos reubicaron, pero nunca pensaron en la fuente de nuestro trabajo; nos reubicaron, pero no en el trabajo, se nos complica porque tenemos que viajar”, reclamó Antonio Torres, habitante afectado.

Incremento de gastos y riesgos para los pescadores

Los pescadores desplazados enfrentan ahora la pérdida de competitividad y un incremento en sus gastos de operación logística, debiendo realizar traslados terrestres en horarios de alta vulnerabilidad para mantener sus cadenas de suministro.

“A veces tenemos que viajar de madrugada o a las dos de la noche y a veces es muy peligroso”, advirtió Torres, quien urgió a las autoridades a decretar la zona de El Bosque como un santuario pesquero exclusivo para proteger sus derechos de explotación comercial.

El conflicto económico en el nuevo asentamiento se ha agravado por la falta de certidumbre jurídica en la asignación de los espacios y la llegada de agentes externos que buscan aprovechar los recursos habitacionales de la reubicación.

“La verdad sí nos están invadiendo, son gente que no habitaba aquí, tiene como una semana que llegaron”, denunció Torres respecto a las irregularidades inmobiliarias que amenazan la estabilidad del nuevo complejo habitacional.

Pérdida de identidad y tejido social

La transición forzada de una economía de producción pesquera a una vida urbana en el asfalto representa un quiebre definitivo en la productividad y en el tejido social de la región de Centla.

“Mucha tristeza, la verdad, mucha tristeza; llevaba casi toda mi vida en este lugar, toda mi vida pescando jaiba, peces en la lancha, y ahora sí que aquí está la mitad de mi alma”, lamentó Guadalupe Cobos ante la desaparición de su entorno productivo.

La pérdida de activos fijos y capital social es visible al recorrer el perímetro devastado, donde la infraestructura educativa y habitacional quedó reducida a ruinas por el avance del nivel del mar. “Esto era un salón, aquí daban clases primero, segundo y tercero, y en la próxima aula daban cuarto, quinto y sexto; ahí se alcanza a ver todavía el abecedario profundo en la pared”, constató Cobos al inspeccionar los escombros.

Siete años de alertas ignoradas

El fenómeno de erosión atípica en la línea de la costa fue reportado por los cerca de 170 habitantes desde hace siete años. Pero la falta de mecanismos financieros de emergencia retrasó la intervención gubernamental hasta la presión de organismos internacionales.

Fue hasta que la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró a El Bosque en riesgo, cuando autoridades mexicanas voltearon a verla para después considerarla como la primera desplazada por el cambio climático.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

El cese de las actividades comerciales locales dinamitó la microeconomía de la región y provocó un éxodo que dejó la zona sin fuerza laboral fija y destruyó el mercado interno de la comunidad. “Ya no hay gente viviendo aquí más que nosotros; los pescadores que venimos, si hay mal tiempo, agarramos nuestras cosas y nos vamos... caminas y está desierto... destruido, casas abandonadas, ruinas, se comió el mar todo”, subrayó el pescador Rubén García.