La necesidad de un filtro en la política mexicana
Juan José Rodríguez Prats, en su artículo editorial, plantea la urgencia de establecer un "derecho de admisión" en la política mexicana. Considera que los partidos políticos y la ciudadanía han fallado como filtros para garantizar la postulación de personas idóneas para los cargos públicos. La democracia, dice, es un medio para llevar al poder a los mejores, pero si falla, debe corregirse. Actualmente, la calidad de los personajes públicos es evidentemente deficiente.
Ejemplos de mal desempeño señalados
Rodríguez Prats menciona varios casos que, según él, ejemplifican la falta de idoneidad: Octavio Romero en Pemex y ahora en Infonavit, Rosario Piedra en la CNDH, Gerardo Fernández Noroña en el Senado, Lenia Batres en la SCJN, y las gobernadoras Layda Sansores de Campeche y Rocío Nahle de Veracruz. Pregunta si pueden rendir buenas cuentas y si hay duda sobre su mal desempeño.
Crítica a la paridad de género y la meritocracia
El autor critica la paridad de género, que considera ha degenerado en cuotas, y lamenta que se haya ignorado el servicio civil de carrera. Señala que la Secretaría de Hacienda y el Banco de México supieron instrumentar una sólida meritocracia, pero que hubo un punto de inflexión con la renuncia de Arturo Herrera, quien, según él, jamás hubiera permitido el endeudamiento gubernamental. Su sustituto no opuso resistencia a adquirir una deuda que afectará a muchas generaciones.
El alejamiento de la cultura y la política
Rodríguez Prats sostiene que existe un profundo alejamiento entre la cultura y la política, lo que ha llevado a la incivilidad y a una contienda sin reglas ni árbitros confiables. Cita a su amigo Agustín Basave, quien afirma que hasta la derrota se ha vuelto rentable, signo inequívoco de decadencia. Los partidos simulan encuestas, reciben consignas y mantienen élites excluyentes.
La crisis de perfiles profesionales
El autor enfatiza que no ponderar perfiles profesionales es aberrante, y que la crisis es tan grave que ni siquiera se perciben buenas intenciones. Concluye que la próxima legislatura deberá asumir tareas de constituyente permanente para corregir las reformas desastrosas a la Constitución, y recuperar la dignidad de los órganos colegiados para deliberar. Si la política no se basa en ideas, se degrada a una pugna de intereses individuales.



