El acercamiento de China a América Latina y el Caribe inquieta desde hace más de 10 años a la Casa Blanca, que ha trazado medidas para frenar la creciente influencia de Pekín. Sin embargo, la política del gobierno de Donald Trump, más confrontativa desde enero, está generando el efecto contrario y abre nuevas oportunidades para el gigante asiático.
China ha superado a la Unión Europea como segundo socio comercial de la región y en varios países ya está por encima de Estados Unidos. El gobierno de Trump ha adoptado una diplomacia coercitiva con medidas como aranceles adicionales, designación de cárteles como terroristas y despliegue militar en el Atlántico.
El politólogo José Luis León-Manríquez señaló que Washington tardó en reaccionar ante la presencia china. “Cuando despertaron, China ya era el primer, segundo o tercer socio comercial. Están sonando las alarmas”, dijo. Pekín ha firmado tratados de libre comercio con cinco países y 22 naciones de la región se han adherido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Colombia firmó en mayo un acuerdo de intención con la BRI. El presidente Gustavo Petro explicó que la decisión se debió a que “no nos insultaban ni amenazaban”, en alusión a las críticas de Washington. Trump descertificó a Colombia en la lucha antidrogas y le retiró el visado.
Trump también impuso aranceles del 50 % a productos de Brasil, pese al superávit comercial de EE.UU. China aprovechó para criticar a Washington y fortalecer su alianza con Brasilia. El internacionalista concluyó que el discurso de “bien o mal” de EE.UU. resulta anacrónico y no resuena en la región.



