El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este jueves que Japón está “tomando una postura” frente al conflicto con Irán y que el país asiático está “intensificando su papel” en la crisis regional. Trump aseguró que había obtenido garantías de Tokio, aunque no proporcionó más detalles sobre el tipo de apoyo o compromisos asumidos.
Las declaraciones se produjeron durante un acto en el que Trump estuvo acompañado por la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi. El presidente estadounidense destacó la postura de Japón y, tras una pausa, agregó: “No como la OTAN”, en referencia a la alianza militar transatlántica.
Donald Trump ha mantenido una relación tensa con la OTAN en el marco de la guerra contra Irán. Mientras el presidente estadounidense exigió apoyo militar para garantizar la seguridad en el estrecho de Ormuz, varios aliados europeos rechazaron enviar buques y optaron por alternativas diplomáticas, lo que evidenció un distanciamiento entre Washington y la alianza atlántica.
Tras el inicio del conflicto contra Irán en febrero de 2026, Donald Trump solicitó públicamente el respaldo de la OTAN para abrir y proteger el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo global. El mandatario advirtió que la alianza se enfrentaría a un “futuro muy malo” si no respondía al llamado de Estados Unidos.
Trump insistió en que la presencia militar de la OTAN era necesaria para garantizar la libertad de navegación y para enfrentar las acciones iraníes, que incluyeron ataques con drones, misiles y minas navales contra petroleros. La reacción de los países europeos fue de rechazo. Alemania declaró que “esta no es nuestra guerra”, mientras que la Unión Europea buscó alternativas diplomáticas para evitar una escalada.
En la práctica, los aliados de Estados Unidos dentro de la OTAN dejaron claro que no tenían planes inmediatos de enviar buques militares al estrecho de Ormuz. Esta postura representó un revés diplomático para Trump, quien esperaba un respaldo contundente de la alianza atlántica. La falta de apoyo fue interpretada como una señal de que Europa no está dispuesta a involucrarse directamente en un conflicto que considera originado por decisiones unilaterales de Washington y Tel Aviv.



