Wimbledon es uno de los torneos más prestigiosos del tenis, junto con los otros tres Grand Slams, pero se distingue por una regla especial: la obligación de competir vestido completamente de blanco. Esta norma, lejos de ser una sugerencia estética, es un pilar fundamental de la identidad del All England Club que nadie debe romper.
Origen de la tradición de vestir de blanco en Wimbledon
La historia de por qué los tenistas deben vestir de blanco está ligada a una función fisiológica combinada con el estilo. El origen se remonta a la época victoriana, a finales del siglo XIX. El tenis siempre ha estado asociado a la clase alta y, en aquellos tiempos, las manchas de sudor se consideraban de mal gusto; el color blanco las hacía menos evidentes. Esta norma se estableció tanto en la rama varonil como femenil a finales de los años 1800.
Actualmente existen algunas variaciones, como la posibilidad de usar ropa con tonalidad crema. Además, los calcetines, gorras y muñequeras pueden tener una línea de color de no más de 10 milímetros de ancho. En el caso del tenis femenil, es posible usar licras en tonos oscuros.
Los rebeldes que desafiaron la vestimenta del All England Club
A lo largo de la historia del torneo, diversas figuras del tenis han manifestado su disconformidad o han roto el protocolo de forma deliberada:
- Andre Agassi: El estadounidense no participó entre 1988 y 1990 como un rechazo a la norma de ropa blanca.
- Roger Federer: En la edición de 2013, al suizo se le exigió cambiar su calzado dado que la suela tenía un color vistoso.
- Nick Kyrgios: En 2022, el tenista australiano llamó la atención de los jueces al ingresar a la cancha portando una gorra roja y calzado deportivo bicolor.
Naomi Osaka ha mantenido el color blanco pero con un estilo propio. La regla sigue siendo una de las más estrictas del deporte, y su incumplimiento puede llevar a sanciones o incluso a la descalificación.



