La guerra no dio tregua en la pista Philippe-Chatrier. Minutos después de que la rusa Mirra Andreeva obtuviera su pase a la final de Roland Garros, gracias a una inapelable victoria sobre la ucraniana Marta Kostyuk, las tensiones políticas entre ambas naciones volvieron a cobrar una relevancia más allá del deporte con un nuevo desprecio de la vencida al negarle la mano a la ganadora.
Así como ha sido una constante desde hace cuatro años, cuando comenzó un conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, el deporte no fue capaz de dejar a un lado las diferencias y los cuestionamientos. Kostyuk repitió el gesto que ya se ha vuelto su sello en el circuito de la WTA: no hubo apretón de manos en la red, ni antes ni después del partido, ni durante ningún protocolo.
Un gesto que se repite
La imagen fue casi idéntica a la de hace un mes en Madrid, donde Kostyuk conquistó el título WTA 1000 en la Caja Mágica. En aquella ocasión, saludó a la juez de silla y evitó cualquier contacto con Andreeva, cerrando su discurso de campeona con un emotivo "¡Gloria a Ucrania!". Esta vez, con el resultado invertido, su postura no cambió un milímetro.
Declaraciones de Kostyuk
En las horas previas al partido, Kostyuk había dejado claro su criterio sobre las jugadoras rusas que guardan silencio sobre la invasión a su país: "Ya no me frustra. Son adultas, saben perfectamente lo que está pasando. Tienen teléfono, Instagram, acceso a las noticias. Son plenamente conscientes de la situación". Y añadió: "Si prefieren evitar hablar del tema, tendrán que vivir con eso, no yo. Han elegido una estrategia que les funciona". Kostyuk fue más lejos: "Me gustaría que hubiera una postura más clara, especialmente cuando tu país está matando a otras personas".
Kostyuk citó como única excepción a Daria Kasatkina (jugadora de origen ruso nacionalizada australiana), a quien calificó como la única a la que "respeta" en el circuito por haberse atrevido a mostrar su oposición pública a la guerra.
Andreeva esquiva la polémica
Andreeva, por su parte, prefirió esquivar la polémica antes de saltar a la arcilla: "Para mí no importa contra quién juegue. Intento concentrarme en el partido y en el plan de juego". Con la victoria, la joven de 19 años se convirtió en la finalista más joven de Roland Garros en el siglo XXI junto a Coco Gauff.
El tenis como campo de batalla diplomático
El tenis se ha transformado en un inesperado campo de batalla diplomático. En cuatro años de conflicto, el circuito femenino no ha encontrado una respuesta institucional uniforme: la WTA permite la participación de rusas y bielorrusas bajo bandera neutral, pero no regula los gestos de cortesía.
Este no es el primer choque de Kostyuk en los grandes escenarios:
- Roland Garros 2023 (vs. Aryna Sabalenka): Tras caer 6-3 y 6-2 en primera ronda, Kostyuk se negó a saludar a la bielorrusa. El público de París la abucheó. Su respuesta fue letal: "La gente debería sentir vergüenza. En diez años, cuando la guerra termine, no se sentirán bien con lo que hicieron hoy".
- US Open 2022 (vs. Victoria Azarenka): En segunda ronda, la ucraniana solo acercó su raqueta como gesto mínimo de protocolo en la red. El episodio fue muy tenso, ya que días antes la USTA había retirado a Azarenka de una exhibición por la paz para no herir susceptibilidades ucranianas.
- Madrid 2026 (vs. Mirra Andreeva): El antecedente inmediato. Kostyuk derrotó a Andreeva para ganar su primer WTA 1000, celebró con un mortal hacia atrás y congeló la ceremonia de premiación al evitar cualquier contacto con la rusa.
La arcilla de París volvió a dejar en evidencia que, mientras las bombas sigan cayendo, la red del tenis está muy lejos de ser una zona de paz.



