En Los Ángeles, miles de iraní-estadounidenses se manifestaron para exigir que la FIFA expulse al equipo persa del Mundial 2026. La sombra del régimen iraní y el clamor de la diáspora marcan la participación de Irán en el torneo.
Protestas en Los Ángeles
Asghar Adibi, exjugador de la selección iraní en los años 70, habló en el mitin contra la Federación de Irán, realizado frente al Ayuntamiento de Los Ángeles. “Este es el equipo de los ayatolás”, sentenció. Para la diáspora, la presencia de la selección en suelo estadounidense es un intento del Gobierno iraní de “lavar su imagen” (sportswashing) ante la comunidad internacional.
Obstáculos diplomáticos
La participación de Irán ha estado marcada por tensiones diplomáticas. Las estrictas políticas migratorias estadounidenses obligaron al equipo a trasladar su base de entrenamiento de Arizona a Tijuana, ante la imposibilidad de que parte de su cuerpo técnico obtuviera las visas necesarias. La Federación Iraní de Fútbol calificó estas restricciones como una “conducta vengativa” y un boicot político. Sin embargo, las autoridades estadounidenses señalaron que los procesos de seguridad son rigurosos, especialmente ante los vínculos denunciados de varios integrantes del staff con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), designado como terrorista por algunos gobiernos.
Boletos y símbolos
La federación iraní denunció que la FIFA revocó la asignación de boletos para sus aficionados en los tres partidos de fase de grupos. Paralelamente, la FIFA reiteró la prohibición de portar la bandera pre-revolucionaria (con el león y el sol), símbolo de resistencia para la oposición, bajo el argumento de que es una expresión política.
Voces de la diáspora
Jóvenes como Ryan Salami, de 21 años, expresaron su dolor al ver a la selección jugar. “Traerlos aquí presenta una imagen de calma al mundo, cuando en realidad en su país no hay calma, solo ejecuciones y sufrimiento”, relató a medios estadounidenses, mientras sostenía fotografías de atletas iraníes fallecidos bajo custodia gubernamental. El exfutbolista Shahram Homayounfar también tomó la palabra en la manifestación.
La división es profunda: mientras algunos manifestantes distinguen entre los deportistas y el régimen, otros, como Peymaneh Shafi, sostienen que los jugadores actúan como “herramientas” al servicio de un Gobierno señalado por la represión de disidentes y el asesinato de deportistas tras la Revolución de 1979.
Así, el destino de Irán en el Mundial 2026 sigue siendo una encrucijada política, y el balón aún no rueda.



