El Mundial 2026 se acerca y con él, nuevas oportunidades de negocio. Eduardo Badillo, un estudiante de Derecho de 22 años, ha encontrado en la venta de estampitas de futbolistas santificados una forma de financiar su carrera. Estas imágenes, que combinan la pasión por el fútbol con la tradición religiosa, se han vuelto populares entre los aficionados de la Liga MX.
La moda de los futbolistas santos
Las estampitas de jugadores como Armando González, conocido como “San Hormiga”, son las más solicitadas. Eduardo recorre las inmediaciones del Estadio Nemesio Díez con un exhibidor lleno de estas deidades futboleras. “San Hormiga es el más pedido; los señores buscan a Memo Ochoa, las chicas a Raúl Jiménez y los niños a San Messi o San Cristiano”, explica entre risas.
Un negocio con miras al Mundial
Eduardo proyecta una buena temporada de ventas para el Mundial 2026, a pesar de las restricciones cerca de los estadios. “Hay que buscarle la manera en lugares donde sí se pueda vender”, afirma. Originario de la Ciudad de México, no dudó en aprovechar el partido amistoso entre México y Serbia para ofrecer sus productos.
Para Eduardo, los 90 minutos de juego son una oportunidad para mejorar su economía. Además de vender estampitas, trabaja como conductor de taxi por aplicación. “Me despierto a las 7 de la mañana, hago viajes de Uber y luego me voy a los estadios”, comenta.
El sustento diario
Con seis cuatrimestres por delante para terminar su carrera, Eduardo no escatima esfuerzos. “Hay que perdernos de disfrutes de la vida, pero también se disfruta trabajando”, dice. En partidos importantes, como una final, puede ganar más de 5 mil pesos; en uno regular, entre mil y dos mil pesos.
A pesar de las dificultades, como el pago de derecho de piso en el ambulantaje, Eduardo sigue adelante con la bendición de sus estampas. Su historia refleja la creatividad y el espíritu emprendedor de los mexicanos, que encuentran en el fútbol una fuente de ingresos y devoción.



