El mayor reto que enfrenta el Valle de México es garantizar el servicio de agua potable de manera sustentable, sin sobreexplotar las fuentes de abastecimiento ni comprometer la disponibilidad del recurso para las futuras generaciones. Esta es la conclusión central de la novena entrega de la serie sobre la fascinante historia del agua en la región, escrita por Ramón Aguirre.
El origen del Sistema Cutzamala: de la energía hidroeléctrica al agua potable
Aunque el Sistema Lerma, construido durante la década de 1950, representó el primer gran esfuerzo en la materia, muy pronto resultó insuficiente ante el acelerado crecimiento de la Zona Metropolitana. Es así como, a principios de los años setenta, comenzaron los estudios para identificar una nueva fuente de abastecimiento ubicada fuera del Valle de México. Entre las alternativas analizadas se encontraban el río Tecolutla, los acuíferos del Valle de Oriental, en Puebla, y la cuenca del río Cutzamala.
La alternativa del Cutzamala era la más conveniente, principalmente por su capacidad de diseño de 19 metros cúbicos por segundo (m3/s). Sin embargo, implicaba enfrentar un desafío enorme: no se trataba únicamente de construir un nuevo acueducto, sino de transformar una infraestructura concebida originalmente para la generación de energía hidroeléctrica en un sistema destinado al abastecimiento de agua potable. Hasta la fecha, este sigue siendo un caso sin precedentes en México.
La infraestructura preexistente y las negociaciones clave
Entre las décadas de 1940 y 1950, la entonces Comisión Federal de Electricidad (CFE) desarrolló el Sistema Hidroeléctrico Miguel Alemán en la cuenca alta del río Cutzamala con el propósito de generar electricidad para la región centro del país. El sistema estaba integrado por una cadena de presas, túneles, canales y cuatro grandes centrales hidroeléctricas que aprovechaban el agua almacenada en los embalses de Valle de Bravo, Villa Victoria, Colorines, El Bosque y Tuxpan, los mismos que actualmente abastecen al Sistema Cutzamala.
No hace falta demasiada imaginación para entender la complejidad de las negociaciones que implicó que la CFE aceptara transferir a la entonces Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH) una infraestructura de semejante magnitud e importancia estratégica. Fue necesaria, incluso, la intervención del Presidente de la República, respaldada por los análisis comparativos de costos y beneficios elaborados por la propia SRH. En este proceso resultó fundamental la visión del ingeniero Carlos Ramírez Ulloa, representante de la CFE, quien reconoció los beneficios que esta decisión representaba para el país.
Construcción y características del acueducto
El proyecto ejecutivo comenzó en 1974; la construcción se inició en 1977 y la primera etapa quedó concluida en 1982. El acueducto, con capacidad para conducir hasta 24 m3/s, está integrado por dos líneas paralelas de más de 150 kilómetros de longitud y un diámetro interior de 2.50 metros. Cuenta con seis plantas de bombeo para elevar el agua 1,150 metros hasta el Valle de México. El sistema ingresa a la cuenca mediante un túnel de 16 kilómetros construido bajo la Sierra de Las Cruces. La planta potabilizadora está conformada por seis módulos de cuatro m3/s cada uno. Asimismo, fue necesario desarrollar una compleja infraestructura eléctrica diseñada para garantizar que el bombeo y la potabilización nunca se interrumpieran por falta de energía. Se trata, sin duda, de una de las obras más sobresalientes de la ingeniería mexicana.
El reto actual: crecer al ritmo de la demanda
Aquí vale la pena reflexionar: el Sistema Cutzamala fue concebido hace más de 50 años, cuando la población del Valle de México era de alrededor de 12 millones de habitantes. Hoy superamos los 22 millones. Urge encontrar y ejecutar acciones de igual o mayor magnitud que las del Cutzamala, dando la prioridad que este tema representa para la metrópoli.
Reconocimientos a los ingenieros detrás de la obra
Entre los numerosos profesionales de la ingeniería civil que hicieron posible esta gran obra, merecen un reconocimiento especial el doctor Fernando González Villarreal, entonces vocal de la Comisión del Plan Nacional Hidráulico, y el brillante M. en I. Luis Robledo Cabello, subsecretario de la Secretaría de Recursos Hidráulicos. Ambos recibieron el Premio Nacional de Ingeniería.



