En Atlixco, Puebla, la tradición de los “Engrillados” cumple más de 110 años. Este Viernes Santo, decenas de personas participan en las 16 estaciones del viacrucis, caminando descalzos más de 3 kilómetros, portando coronas de espinas y cadenas de 30 kilos en los hombros, además de espinas clavadas en brazos y piernas.
Moisés, plomero de 50 años, lleva casi una década participando como “Engrillado”. Inició por una manda: “Pedí por un familiar y más que nada por la fe, porque cuando uno sale en esto, agarra uno más la fe de Dios, nuestro señor”, explicó. La preparación espiritual es clave: “Nosotros tenemos una preparación de tiempo, unos meses antes de Semana Santa. Vamos a misa y a pláticas, nos reunimos todos los compañeros los domingos”, añadió.
Arrastrar las cadenas a 30 grados de temperatura ambiente es doloroso. “Se calientan las espinas, las cadenas, los pies del sol, el mismo sol te va quemando la piel. La sed es muy fuerte, no nos podemos hidratar mucho porque se cierran los poros y es muy difícil quitar la espina”, mencionó Moisés.
La tradición fue iniciada por José Muñoz, quien buscó purificar sus pecados a través del dolor. Posteriormente, Jaime Garcés continuó la tradición y ahora su hija Alicia Garcés Guzmán coordina el Grupo de “Engrillados Templo de la Asunción”. Ella prepara a los participantes espiritualmente: “Para este año tenemos a 35 personas que recibieron las pláticas cuaresmales. Es la formación espiritual la que nos mueve, la que dice si voy a participar para ofrecer un acto de fe”, afirmó.



