La boda del príncipe Harry y Meghan Markle, celebrada el 19 de mayo de 2018 en la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor, fue uno de los acontecimientos más mediáticos de la realeza británica. Sin embargo, detrás de la imagen de un cuento de hadas, algunos detalles no habrían convencido del todo a la reina Isabel II.
¿Qué fue lo que la reina Isabel II criticó del vestido de novia de Meghan Markle?
Según revelaciones recogidas por la escritora y experta en la familia real británica Ingrid Seward en su libro My Mother and I, la fallecida monarca expresó en privado ciertas reservas sobre distintos aspectos del enlace de los duques de Sussex. Entre ellas, una llamó especialmente la atención: el vestido de novia de Meghan Markle.
De acuerdo con Seward, Isabel II jamás manifestó estas opiniones de forma oficial. Como era habitual en ella, reservó sus impresiones para conversaciones privadas con una de sus confidentes más cercanas, Lady Elizabeth Anson, prima de la soberana y reconocida organizadora de eventos.
Según el relato de la autora, la reina resumió su opinión sobre el vestido con una frase breve pero contundente: era "demasiado blanco".
Lejos de tratarse de una crítica al diseño, el comentario estaría relacionado con las profundas convicciones religiosas y el sentido del protocolo que caracterizaron a Isabel II durante todo su reinado.
¿Por qué el color del vestido de Meghan Markle generó controversia?
La tradición occidental ha asociado durante décadas el vestido blanco con la pureza y la virginidad de la novia, aunque en la actualidad esa interpretación ha perdido gran parte de su significado. Sin embargo, para Isabel II, educada bajo estrictas normas religiosas y protocolares, la situación era diferente.
Según la versión de Ingrid Seward, la monarca consideraba que no resultaba apropiado que una mujer divorciada que contraía matrimonio por la iglesia luciera un vestido de un blanco tan impecable y una imagen tan marcadamente nupcial.
Antes de casarse con el príncipe Harry, Meghan había estado casada con el productor estadounidense Trevor Engelson, matrimonio que terminó en divorcio en 2013.
Aunque estas ideas responden a una visión tradicional propia de otra generación, el supuesto comentario refleja la importancia que Isabel II concedía al simbolismo dentro de la monarquía.
Así fue el vestido de Givenchy que Meghan Markle eligió para casarse
Paradójicamente, el diseño terminó convirtiéndose en uno de los vestidos de novia más comentados de la última década. La pieza fue creada por Clare Waight Keller, entonces directora artística de Givenchy, quien diseñó un modelo minimalista confeccionado en cady de seda de doble costura.
El vestido destacaba por su escote barco, mangas tres cuartos y una silueta limpia, sin bordados ni encajes visibles, una decisión que rompía con el estilo recargado de otras novias reales.
El velo, de casi cinco metros de largo, incorporaba bordadas las flores representativas de los 53 países de la Commonwealth, un detalle que buscaba rendir homenaje a la comunidad de naciones encabezada entonces por Isabel II.
Los detalles de la boda de Harry que no convencieron a la reina Isabel
El libro menciona que el vestido no fue el único aspecto que generó dudas en la reina. Otra decisión que, según Seward, le habría incomodado fue que el entonces príncipe Carlos acompañara a Meghan hasta el altar después de que Thomas Markle, padre de la novia, no pudiera asistir por problemas de salud.
Aunque el gesto fue ampliamente celebrado por la opinión pública como una muestra de apoyo familiar, la autora afirma que Isabel II no terminó de sentirse cómoda con esa solución.
Además, la monarca también estaba preocupada por la salud del príncipe Felipe, quien apenas unas semanas antes había sido sometido a una operación de cadera y asistió caminando con dificultad al enlace.
Otro de los momentos más comentados de la ceremonia fue el discurso del arzobispo estadounidense Michael Curry. Su apasionado sermón sobre el poder del amor se prolongó durante más de 14 minutos, un estilo muy distinto al de las ceremonias tradicionales de la Iglesia anglicana.
Según la publicación, Isabel II habría quedado sorprendida por la duración y el tono del mensaje, mientras algunos invitados no lograban ocultar gestos de incomodidad e incluso sonrisas durante la intervención.
Con el paso del tiempo, las diferencias entre Harry y la familia real terminarían haciéndose públicas, especialmente tras su decisión de abandonar sus funciones como miembros activos de la monarquía.
Sin embargo, estas revelaciones muestran que, incluso antes del famoso "Megxit", ya existían pequeñas discrepancias privadas que contrastaban con la imagen de armonía que daban al mundo.



