Olivia Wilde, actriz y directora, se sienta a conversar sobre su nueva comedia La invitación, que ya se encuentra en cartelera mexicana. En la película, Wilde comparte pantalla con Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton en una historia que explora el caos de una cena entre vecinos que deriva en revelaciones incómodas y un intercambio de deseos que desafía los límites convencionales de la pareja.
Una comedia atrevida y personal
Wilde, quien dirige por tercera vez, confiesa que siempre quiso hacer una comedia al estilo de Woody Allen, Mike Nichols y Rob Reiner. "Hacía tiempo que buscaba algo que me permitiera generar, con buenos actores, el mejor ambiente para una buena actuación", explica. Su objetivo era filmar en orden cronológico, como si fuera una obra de teatro, incluyendo ensayos previos. "Cuando leí la adaptación del guion, me reí tanto que me pareció un experimento perfecto con los mejores actores del planeta", añade.
La película está basada en la obra de teatro catalana Els veïns de dalt (Los vecinos de arriba), que ya había sido adaptada al cine en España con Belén Cuesta bajo el título Sentimental. Wilde sabía de otras versiones en Francia, Alemania, Italia y Corea del Sur, y le fascina que el concepto tenga diferentes interpretaciones en cada idioma, aunque todas mantienen el debate central: si podemos sostener la intimidad en una relación.
Inspiración en la terapeuta Esther Perel
Wilde revela que el personaje de Penélope Cruz está basado en la terapeuta de parejas Esther Perel, autora de libros sobre erotismo en relaciones a largo plazo e infidelidad. "Hay mucha filosofía de Esther en casi toda la historia", dice Wilde. "Desde siempre me sorprenden los conceptos de poder tener relaciones múltiples dentro de una misma relación. Me parece demasiado optimista como una forma real de considerar un compromiso a largo plazo". Por eso, Wilde llamó personalmente a Perel para que la asesorara y se convirtiera en la base del personaje de Cruz.
La directora confiesa que inicialmente consideró interpretar el papel que finalmente recayó en Cruz, pero al leer la adaptación en inglés, se enamoró del proyecto y decidió dirigirlo. "Pensaba dirigirla solamente, porque me parecía que podía ser algo muy divertido", recuerda.
Un elenco de ensueño
Reunir a actores de la talla de Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton no fue tarea fácil. "Logísticamente parece imposible, porque los actores de ese nivel no suelen estar tan disponibles", reconoce Wilde. Sin embargo, logró convencerlos con una propuesta poco común: "Los necesito por seis semanas. Vamos a ensayar las dos primeras semanas, y después vamos a filmar todo en orden". Wilde cree que esa idea fue lo que los atrajo, ya que no era un proyecto lucrativo, sino una producción independiente.
Sobre Seth Rogen, Wilde comenta: "Con Seth somos muy parecidos, como si hubiéramos ido juntos a la misma escuela secundaria. Pertenecemos a la misma generación de Hollywood". Aunque no trabajaron juntos en Knocked Up como habían planeado, coincidieron en la serie The Studio, donde Wilde redescubrió lo divertido que podía ser actuar. "Fue durante esos días que me di cuenta de que Seth tenía que estar conmigo en The Invite". Lo describe como una versión moderna de Albert Brooks.
Edward Norton, por su parte, contactó a Wilde porque le había encantado la versión original española y quería leer la adaptación. "Me dijo que también tenía algunas ideas nuevas para darle más frescura. Te puedo asegurar que el personaje de Ed terminó siendo totalmente diferente", afirma Wilde.
Penélope Cruz es "mi reina", dice Wilde, y la considera una comediante perfecta desde el cine de Pedro Almodóvar y Vicky Cristina Barcelona. "No creo que ninguna otra actriz de Hollywood hoy sea mejor comediante que ella", asegura. Wilde la vio en Competencia oficial y le pidió que hiciera más comedia. "Sentí que me había quitado el guion para salir corriendo a filmarla", bromea.
Dirigir y actuar a la vez
A pesar de haberlo hecho antes en Don't Worry Darling, Wilde no planeaba actuar en esta película. "Me gustaba tanto la producción que no podía imaginarme al mismo nivel que ellos", explica. Sin embargo, los actores la convencieron de que ella debía interpretar a Angela. "Todos me dijeron que no, que yo debería actuar con ellos", recuerda. Finalmente, aceptó, aunque reconoce que fue agotador: "No creo que pueda volver a hacerlo pronto, porque fue exhausto".
La dinámica de esta producción, al ser más pequeña, permitió a Wilde mantener los ojos en los otros actores dentro de las escenas. "Al trabajar como actriz también evitamos incorporar a otra persona más, permitiéndome mantener los ojos en los otros actores dentro de las escenas para asegurarme de que la cámara lo captara todo desde afuera", detalla.
Un final abierto a la interpretación
Wilde revela que el final de la película puede interpretarse como una fantasía o como algo real. "Para mí, siento que todo fue una proyección personal, pura imaginación desde el momento en que mi personaje y el de Seth Rogen empiezan a gritarse porque se dan cuenta de que no son felices", explica. Incluso comparó la historia con El club de la pelea, donde Brad Pitt es el alter ego imaginario de Edward Norton. "Él también se prendió en la misma idea, aunque le aclaré que no era exactamente así", aclara Wilde.
La directora prefiere dejar el final abierto para que cada espectador imagine su propio desenlace. "Yo tengo mi propia idea, pero me gustaría que cada uno se permita imaginar el final que quiera", dice. Sobre el futuro de los personajes, opina: "Creo que nuestra pareja llegó al final de su relación, pero también pienso que es el principio de poder enamorarse otra vez, que son felices, aunque también puedan ser muy felices... a la distancia el uno del otro".



