Con el anuncio del nuevo álbum del legendario grupo, los fanáticos pueden recordar una de las presentaciones más audaces de la historia de la música popular: "Please allow me to introduce myself, I'm a man of wealth and taste" ("Por favor, permítanme presentarme, soy un hombre de riqueza y buen gusto").
El contexto histórico de 1968
El año es 1968 y la contracultura mundial está en su punto de ebullición más alto. Las calles de París y Washington se llenan de protestas estudiantiles, y el rock and roll está mutando de ser una música de baile juvenil a una fuerza artística e ideológica imparable. En medio de este torbellino social, una banda británica decide encerrarse en los estudios Olympic de Londres para dar vida a un tema que cambiaría las reglas del juego para siempre.
Con un ritmo hipnótico de maracas, congas africanas y un piano que parece sacado de un cabaret desquiciado, las bocinas del mundo entero escucharon por primera vez a "Sus Satánicas Majestades" y el clásico "Sympathy for the Devil", un himno catalogado por expertos de la época como un camino de no retorno por parte de los Rolling Stones.
La inspiración detrás de "Sympathy for the Devil"
A finales de los años sesenta, Mick Jagger mantenía una relación sentimental y creativa muy estrecha con la cantante y actriz Marianne Faithfull. Fue ella quien, al notar las inquietudes intelectuales de Jagger y su deseo de escribir letras que fueran más allá de los clichés del blues romántico tradicional, le regaló el libro El maestro y Margarita, una novela del escritor soviético Mijaíl Bulgákov.
La obra de Bulgákov, escrita durante los años más oscuros de la represión estalinista y censurada durante décadas en la Unión Soviética, arranca con una premisa fascinante: el diablo, bajo el alias de un refinado profesor extranjero llamado Woland, llega al Moscú de los años treinta acompañado de un séquito de personajes extravagantes, incluyendo un gato negro gigante que habla y bebe vodka. Lejos de presentarse como el monstruo con cuernos, cola y tridente de las pinturas religiosas tradicionales, el Satanás de Bulgákov es un caballero sofisticado, un observador irónico y erudito que expone la hipocresía, la corrupción y la falta de fe de los seres humanos que se creen moralmente superiores.
Jagger quedó completamente magnetizado por esta reinterpretación del mito de Fausto. Decidió adoptar esa misma perspectiva en primera persona para escribir un tema que inicialmente tituló "The Devil Is My Name" (El diablo es mi nombre). En lugar de hacer que el narrador fuera una víctima del demonio, Jagger se convirtió en el demonio mismo, presentándose ante la audiencia con los modales de un aristócrata decadente que ha estado presente en cada uno de los momentos más trágicos y determinantes de la historia de la civilización.
¿De qué trata realmente "Sympathy for the Devil"?
Cuando nos adentramos en la lírica de la canción, lo que encontramos es un repaso brutal y descarnado por algunos de los episodios más sangrientos, vergonzosos y transformadores de la historia occidental. El narrador utiliza sus versos como un currículum de milenios de antigüedad, demostrando que su verdadera riqueza no es material, sino la acumulación de experiencias observando la brújula moral de la humanidad romperse una y otra vez.
El viaje temporal del tema arranca con una referencia directa al evento fundacional de la era cristiana: "I was 'round when Jesus Christ had his moment of doubt and pain / Made damn sure that Pilate washed his hands and sealed his fate". En este arranque, la letra no posiciona al demonio como el ejecutor directo del Mesías, sino como la fuerza invisible de la cobardía política y la indiferencia social encarnada en Poncio Pilato.
"Sympathy for the Devil" salta varios siglos hacia adelante para posarse sobre los conflictos bélicos que desangraron a Europa durante la Edad Media y la modernidad temprana, como las cruzadas. Jagger habla de cómo el diablo no inventó esas guerras; fueron los propios monarcas e imperios los que crearon dogmas religiosos a su conveniencia para justificar la matanza, la rapiña territorial y la persecución ideológica.
El diablo también describe el violento fin de la dinastía Románov no como una anomalía satánica, sino como la consecuencia inevitable de una sociedad que exigía a gritos una transformación estructural ("un tiempo de un cambio"). Así aterriza en el siglo XX y las dos guerras mundiales: "I rode a tank, held a general's rank / When the blitzkrieg raged and the bodies stank". En un cambio de último minuto, "Sympathy for the Devil" se modificó por el asesinato de John y Robert F. Kennedy, en la letra "I shouted out 'Who killed the Kennedys?' / When after all, it was you and me". Al culpar al oyente ("fuimos tú y yo"), los Rolling Stones eliminaron cualquier posibilidad de utilizar al diablo como un chivo expiatorio.
Críticas y acusaciones a "Sympathy for the Devil"
A pesar de la profunda carga de crítica social e histórica de la letra, era inevitable que una sociedad sumida en el miedo y los prejuicios religiosos leyera el tema de forma completamente literal. "Sympathy for the Devil" fue acusada de provocar disturbios, de maldecir a la banda con tragedias y de servir como la banda sonora oficial del caos que definió el final de la década del amor y la paz.
Además, la estética adoptada por la banda durante ese periodo tampoco ayudó a calmar las aguas. Para el lanzamiento del álbum Beggars Banquet, la portada original fue censurada por la discográfica, obligando a cambiarla por un diseño que parecía una invitación formal a una gala aristocrática de etiqueta negra.
La leyenda negra alcanzó su punto más trágico el 6 de diciembre de 1969, durante el concierto gratuito de Altamont Speedway en California. Durante la presentación de los Stones, estallaron múltiples peleas frente al escenario pero, contrario a la creencia popular y al mito urbano, la banda no estaba tocando "Sympathy for the Devil" cuando ocurrió el trágico asesinato del joven afroamericano Meredith Hunter a manos de un miembro de los Hells Angels. Los Rolling Stones decidieron retirar la canción de los repertorios en vivo de la banda durante varios años a principios de los setenta.
"Sympathy for the Devil" no es una canción diabólica ni satánica en su concepción original. La obra maestra de los Rolling Stones es, en realidad, una sátira política y social de una lucidez aterradora que utiliza la figura literaria de Lucifer para obligar a la humanidad a contemplar sus propios monstruos internos.



