Del Himno a 'Payaso de Rodeo': Así se vivió la final del Mundial 2026 en el Zócalo
Final Mundial 2026 en Zócalo: Himno, cánticos y pasión

El Zócalo se vistió de fiesta mundialista

El Fan Fest del Zócalo de la Ciudad de México vivió una jornada histórica durante la final del Mundial 2026 entre España y Argentina. Desde horas antes del silbatazo inicial, miles de personas se congregaron en la plancha principal, sin necesidad de boleto VIP ni palco exclusivo. Bastó una playera de cualquier equipo, una bandera al hombro y muchas ganas de gritar un gol para ser parte de la celebración.

El paisaje era digno de una Copa del Mundo: playeras de México, Argentina, Brasil, España, Francia, Colombia, Chivas, Pumas y Cruz Azul se mezclaban entre la multitud. No importaba el escudo en el pecho; todos vestían el mismo uniforme: la pasión por el fútbol.

Mientras unos afinaban la garganta para el siguiente cántico, otros buscaban la mejor fotografía con luchadores enmascarados que aparecían entre la gente, ondeando banderas de México o levantando los colores universitarios y celestes.

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Del Himno Nacional al 'Payaso de Rodeo'

Si algo distingue al aficionado mexicano es que convierte cualquier fiesta en una verbena. Primero sonó el Himno Nacional Mexicano, recordando que el país volvió a ser anfitrión de una Copa del Mundo. Después llegaron las canciones mundialistas: el 'Y sí, sí...', el inevitable 'Quiere Volar' y, cuando el ambiente parecía no poder subir más de temperatura, el clásico 'Payaso de Rodeo' encontró pista de baile entre camisetas albicelestes y españolas.

La pelota todavía no rodaba, pero el ambiente ya estaba goleando. En una esquina del Zócalo, un hombre con camiseta verde de México lanzó la pregunta que resume toda la previa: '¿Messi o Lamine?'. El destinatario, con sombrero de charro, no dudó: 'Claro que con Lionel. Esta Copa es de América'.

Un Mundial con acento chilango y visitantes japoneses

Entre la multitud aparecieron aficionadas japonesas que, con un español entrecortado, repetían: 'Amamos México'. No hacía falta decir más. Durante poco más de un mes, el Mundial convirtió al Zócalo en un punto de encuentro donde las nacionalidades dejaron de importar; el idioma común fue el fútbol.

La respuesta de los aficionados fue tan grande que, alrededor de las 13:20 horas, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México pidió a quienes seguían llegando disfrutar la final en otros espacios habilitados debido a la alta concentración de personas. Las filas para ingresar parecían las de una final en el estadio: familias completas, niños cargando balones, adultos con la camiseta de aquel Mundial que nunca olvidarán y turistas que querían presumir que vieron una final desde el corazón de México.

Elementos de la SSC mantuvieron filtros de acceso, recorridos de vigilancia y el apoyo de la Unidad Canina K9 para garantizar que la fiesta transcurriera sin contratiempos.

El silbatazo final también se escuchó fuera de la cancha

Durante 40 días, el Mundial regaló estampas inolvidables: las celebraciones interminables en el Ángel de la Independencia, las postales del Zócalo repleto, la Macroplaza de Monterrey vibrando con cada partido, el Parque Metropolitano de Guadalajara convertido en otra tribuna mundialista. También quedaron personajes inesperados, como el entrañable Pato Merlín, que terminó robándose reflectores entre las mascotas no oficiales del torneo.

Cuando el balón dejó de rodar y el campeón levantó la copa, el Mundial 2026 también bajó el telón en México. Se apagaron las pantallas gigantes, desaparecieron los cánticos y el Zócalo volvió poco a poco a su rutina. Pero quienes estuvieron ahí sabrán que, durante poco más de un mes, la plaza más importante del país se transformó en el estadio más grande de México. Mientras unos disputaban la final sobre el césped, en el corazón de la Ciudad de México también se jugó otro partido: uno donde no hubo derrotados, solo miles de aficionados que se fueron con el tanque lleno de emociones y el corazón en tiempo de compensación.

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