La inteligencia artificial llegó a las aulas antes que las reglas. En México, 66% de los universitarios utiliza estas herramientas al menos una vez por semana y 79% las emplea para generar textos. Pese a su rápida adopción, 76.7% de los estudiantes de instituciones públicas desconoce si su escuela cuenta con lineamientos para orientar su uso.
Las cifras forman parte del Censo Nacional sobre Usos y Percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa en la Educación Superior, presentado por la Secretaría de Educación Pública (SEP). El ejercicio reunió las respuestas de 1 millón 143,451 estudiantes y 133,582 docentes de 2,900 instituciones, lo que permitió dimensionar una práctica que avanzó sin criterios comunes dentro de las universidades.
Gobierno federal abre discusión para establecer reglas
Ante este escenario, el gobierno federal abrió la discusión para establecer reglas sobre el uso de inteligencia artificial, redes sociales y plataformas digitales en el ámbito educativo. La SEP organizará tres foros regionales con especialistas, docentes, familias y comunidades escolares, cuyos planteamientos servirán para construir una iniciativa que después llegará al Congreso.
El primer encuentro se realizará el 19 de agosto en Nuevo León, seguido por el foro del 3 de septiembre en Chiapas y el del 17 de septiembre en Guerrero.
Sin embargo, la discusión nacional no comienza desde cero, pues 16 estados ya cuentan con disposiciones para prohibir o regular celulares y otros dispositivos digitales en las escuelas, aunque cada entidad define sus propios alcances y excepciones. Querétaro aprobó una de las medidas más recientes y extendió la restricción a primarias, secundarias y bachilleratos públicos y privados. Los alumnos no podrán utilizar dispositivos durante la jornada escolar, salvo cuando formen parte de una actividad pedagógica, exista una emergencia o cuenten con la supervisión de un docente.
Prohibir no resuelve el aprendizaje
Hasta ahora, las medidas estatales controlan el dispositivo, pero no establecen qué debe ocurrir con la inteligencia artificial dentro del proceso educativo ni responden cómo impedir que la IA sustituya el razonamiento del alumno sin retirar una herramienta que también puede mejorar el aprendizaje.
En entrevista con Expansión, Luis Portales Derbez, director de Experimentación y Medición de Impacto del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec de Monterrey, enfatizó que cualquier regulación debe partir de una realidad. "Pondría una condición de base: la inteligencia artificial ya está aquí. Por más que queramos ignorarla, está aquí. Entonces, al reconocer que la vamos a utilizar, la pregunta es bajo qué criterios permitimos su uso", afirma.
Portales tampoco favorece una prohibición general. Su experiencia como profesor le muestra que los celulares, audífonos y notificaciones dificultan mantener la atención, pero reconoce que los mismos dispositivos pueden utilizarse para responder cuestionarios, contrastar información o trabajar con una herramienta generativa. "Prohibir no necesariamente es bueno. Estoy más a favor de regular y hacerles ver a los estudiantes cuáles son las implicaciones de tener un dispositivo cuando están tratando de aprender un concepto nuevo. También debemos preguntarnos cómo integramos la tecnología al salón de clases", señala.
El especialista sostiene que las reglas deben considerar la edad de los alumnos, la evidencia disponible y el propósito de la herramienta. Una restricción durante la primera infancia puede responder a razones de salud y desarrollo, pero los estudiantes de otros niveles también necesitan aprender a utilizar la tecnología que encontrarán en la universidad y el mercado laboral.
Brechas del sistema educativo
La discusión cobra fuerza por las brechas del sistema educativo mexicano, ya que algunas escuelas cuentan con conexión a internet, plataformas institucionales y profesores capacitados. En otras, el teléfono del alumno representa la principal puerta de acceso a contenidos digitales. "Tenemos que tomar decisiones con base en lo que sabemos y en la evidencia que aporta la ciencia. La pregunta tendría que ser para qué vamos a utilizar el dispositivo y cuál es su propósito. Prohibir o abrir la llave por completo nos puede llevar al mismo problema", explica.
El Tec de Monterrey trabaja la inteligencia artificial desde tres frentes. El primero busca que estudiantes y profesores entiendan cómo funciona y cuáles son sus límites. El segundo evalúa herramientas capaces de mejorar la enseñanza mediante retroalimentación o rutas personalizadas de aprendizaje. El tercero prepara a los alumnos para utilizar las aplicaciones que encontrarán al incorporarse a una empresa. La institución incluyó competencias transversales de inteligencia artificial en sus planes de estudio de 2026 y además financia proyectos propuestos por profesores y mide sus resultados antes de convertir una tecnología en una herramienta institucional.
"La inteligencia artificial es un habilitador, no un sustituto. Si ayuda a aprender ecuaciones diferenciales o a diseñar tablas nutricionales, tiene espacio en el plan de estudios, pero no es el plan de estudios", comenta Portales.
Pensar después del prompt
El límite aparece cuando la herramienta elimina el razonamiento. Un chatbot puede ayudar al alumno a explorar una idea, pedir explicaciones y confrontar una respuesta, pero también puede elaborar un ensayo completo que el estudiante copia sin revisar. "Si me hace más flojo y no me hace pensar, va a afectar mi proceso de desarrollo y mi parte cognitiva. Pero si le planteo un problema, le pregunto por qué propone una respuesta y profundizo en sus argumentos, entonces existe un proceso de diálogo y de entendimiento", asegura.
Portales propone que las escuelas exijan transparencia. Los alumnos deberían reportar cuándo utilizaron inteligencia artificial, con qué objetivo y qué valor aportó la herramienta. La medida permitiría evaluar el proceso seguido para llegar al resultado, en lugar de concentrarse solo en descubrir una copia.
El censo de la SEP muestra que 69% de los estudiantes que usa IA con fines académicos percibe una mejora en su desempeño. Sin embargo, el dominio autocalificado de estas herramientas alcanza apenas 5.1 puntos en una escala de cero a diez. Además, 91% de los docentes de universidades públicas tiene interés en recibir capacitación.
Formación docente, punto clave
La formación docente representa uno de los puntos que la futura regulación deberá atender. Portales puntualiza que un profesor difícilmente puede orientar a sus alumnos, identificar sesgos o evaluar un trabajo apoyado por IA si desconoce cómo funciona la herramienta. "Por más tecnología que tengamos, el elemento clave dentro del aula sigue siendo el profesor. Tenemos que darle las capacidades para responder a los retos que está enfrentando", apunta.
Experiencias internacionales
Otros países ya ensayan caminos distintos. Australia aplica un marco para el uso de IA generativa en escuelas y creó una Oficina de IA para coordinar su política nacional. Inglaterra emitió lineamientos mediante su Department for Education y permite que cada escuela defina sus usos dentro de las leyes de protección de datos, seguridad infantil y propiedad intelectual. La Unión Europea clasifica como de alto riesgo algunos sistemas utilizados para admitir, evaluar o vigilar estudiantes.
México tiene especialistas e instituciones para construir sus propias reglas, considera Portales. El problema aparecerá si la regulación enumera aspiraciones, pero no explica cómo aplicarlas dentro de escuelas con recursos, capacidades y necesidades diferentes. "Somos muy buenos haciendo normas; que las sigamos es otra historia. Necesitamos escuchar a los expertos y construir algo viable, sostenible y suficientemente flexible, porque la tecnología va a seguir cambiando", advierte.



