Un grupo de feligreses ingresó a la sacristía de la Parroquia de la Asunción en el municipio de Chilcuautla, Hidalgo, y confrontó al sacerdote Juan José Mociño González como parte de una disputa por el control administrativo del templo. El incidente, ocurrido el 29 de julio, derivó en daños a equipos de videovigilancia y la sustracción de llaves de oficinas parroquiales.
Según la Diócesis de Tula, los inconformes asumieron el control de algunas áreas de la parroquia y retiraron las llaves de las oficinas, además de causar desperfectos en el sistema de seguridad. Los feligreses argumentan que buscan que la administración del templo sea encabezada por miembros de la comunidad, al considerar necesario un cambio en la conducción del inmueble religioso.
Intervención de la Diócesis
Ante la escalada del conflicto, la Diócesis de Tula intervino para evitar una confrontación mayor. El obispo designó a un sacerdote como administrador temporal de la parroquia mientras se define el nombramiento de un nuevo párroco. La autoridad religiosa indicó que mantiene comunicación con los sectores involucrados para favorecer el diálogo y evitar nuevos actos de violencia.
La Diócesis hizo un llamado a preservar la paz social y la unidad de la comunidad parroquial, subrayando que el objetivo es avanzar hacia una solución conciliada entre los grupos en conflicto. Hasta el momento, no se reportan detenidos ni intervención de autoridades civiles.
Antecedentes del conflicto
La Parroquia de la Asunción es una de las principales iglesias en Chilcuautla, una localidad del estado de Hidalgo. Los conflictos por la administración de templos no son nuevos en la región; en años anteriores, otras parroquias han enfrentado disputas similares entre feligreses y jerarquías eclesiásticas. En este caso, el grupo inconforme sostiene que la gestión actual no ha sido transparente y que se requiere una mayor participación de la comunidad en las decisiones.
Llamado a la conciliación
El obispo de Tula, en una declaración oficial, exhortó a los fieles a respetar las autoridades eclesiásticas y a resolver las diferencias mediante el diálogo. “La Iglesia es una comunidad de fe que debe buscar la unidad por encima de las divisiones administrativas”, señaló un comunicado. Mientras tanto, el sacerdote designado como administrador temporal trabajará para restablecer el orden en la parroquia.
Se espera que en las próximas semanas se realicen reuniones entre los grupos involucrados y representantes de la Diócesis para encontrar una solución definitiva a la disputa.



