La entrevista del diputado Ricardo Monreal en el programa Entredichos, conducido por el periodista René Delgado, ha desatado una ola de reflexiones sobre la estrategia de comunicación de Morena. Monreal expresó su preocupación por la narrativa que califica al gobierno como “narcogobierno, narcopresidenta, narcopartido”, atribuyéndola a una alianza entre la derecha internacional, encabezada por Donald Trump, y la oposición interna. “Nos va a costar recuperar la confianza o mantenerla, porque la narrativa se ha impuesto… Es muy fuerte lo de la derecha contra nosotros, muy feroz”, declaró el coordinador de la bancada morenista.
La queja de Monreal: una narrativa impuesta
Monreal, experimentado legislador, señaló que esta narrativa podría “dar un giro en las preferencias” y afectar la voluntad popular en las elecciones de 2027, incluyendo la conformación de las Cámaras y gobiernos locales. Sin embargo, la columna de Cecilia Soto cuestiona esta visión. La autora recuerda que en noviembre de 2023, un año antes de los comicios que llevaron a Trump al poder, la llamada Marea Rosa llenó el Zócalo y, pese a los intentos de los animadores por promover otros lemas, la multitud coreó “narcopresidente”.
Esa percepción no surgió de la nada. Soto sostiene que cualquier narrativa necesita sustento en hechos reales o inventados, y en el caso de Morena, los hechos fueron reales y denunciados ante instancias internacionales, especialmente tras las elecciones de 2021, donde la participación del crimen organizado a favor de Morena en la costa del Pacífico fue innegable. Las acusaciones de Trump contra los llamados “diez de Sinaloa” y contra el supuesto cogobierno entre Morena y la delincuencia solo reforzaron una percepción ya existente.
Los hechos que sustentan la percepción
La columna destaca que la popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum sufrió una caída significativa tras el asesinato de Carlos Manzo, y las encuestas muestran que la mayoría de la opina que los gobiernos de Morena han sido corruptos, y que las acusaciones contra Rubén Rocha Moya y otros tienen fundamento. A dos años del asesinato de Héctor Melesio Cuén, no ha habido justicia, y el trato hacia el exgobernador Ernesto Ruffo Appel contrasta fuertemente con el de Rocha.
Soto señala la persecución política contra Ruffo Appel como un intento de crear una historia que haga creíble el cuento del ladrón que, sorprendido con las manos en la masa, grita “al ladrón” señalando a otro lado. La autora compara el caso con el del exministro de la SCJN, Eduardo Medina Mora, quien en octubre de 2019 fue obligado a renunciar mediante cargos falsos inventados por la Unidad de Investigación Financiera (UIF), bloqueo de cuentas familiares y difamación desde Palacio Nacional. Ahora, a Ruffo Appel y a su hija Verónica les han cancelado cuentas bancarias e incluso el servicio telefónico.
Justicia selectiva: Ruffo versus Rocha
Mientras Ruffo Appel es exhibido en todos los medios como presunto culpable, y la presidenta Sheinbaum ha actuado como agente del Ministerio Público declarándolo culpable desde su conferencia matutina, no hay una sola foto de Rubén Rocha Moya declarando ante la FGR. Soto califica esto como justicia selectiva que imposibilita la verdadera justicia. Los presos de la prisión de alta seguridad de Almoloya recibieron a Ruffo con el apodo de “Ruffo Mandela”, reconociéndolo como un preso político.
En conclusión, la columna argumenta que Morena no puede atribuir sus problemas de imagen a una conspiración de la derecha internacional cuando los hechos y la percepción ciudadana se basan en eventos reales de corrupción y vínculos con el crimen organizado. La justicia selectiva y la falta de transparencia, como en el caso del asesinato de Cuén, solo profundizan la desconfianza.



