La industria manufacturera de exportación en México ha cambiado su estrategia: en lugar de buscar nuevas inversiones, prioriza retener las que ya tiene. En un contexto de incertidumbre por la revisión del T-MEC y la persistencia de aranceles estadounidenses, las empresas buscan evitar que la producción y el capital se desplacen hacia Estados Unidos, como ya ocurre en Canadá.
El giro estratégico de la industria exportadora
Salvador Maese Barraza, presidente de Index Mexicali, señaló que el organismo que agrupa a más de 1,200 empresas manufactureras —responsables de aproximadamente el 68% de las exportaciones manufactureras de México a Estados Unidos— ya no actúa como promotor de nuevas inversiones, sino como defensor de las condiciones necesarias para mantener la producción existente. “Nosotros no somos promotores de nuevas inversiones; somos promotores de retener las inversiones”, afirmó Maese.
Este cambio de enfoque responde a que los corporativos globales distribuyen su capital entre distintos países. Una empresa puede conservar una fábrica en México, pero decidir enviar su siguiente ampliación, modelo o proceso productivo a otra región. La prioridad, entonces, es evitar que México pierda esas futuras inversiones.
El precedente canadiense: una advertencia para México
La preocupación se sustenta en lo que ya ocurre en Canadá. Una encuesta de manufactura de KPMG Canadá de 2026 reveló que el 29% de las empresas canadienses ya trasladó parte o toda su producción a Estados Unidos, mientras que otro 13% planea hacerlo. En total, el 42% ya movió o prevé mover operaciones hacia el sur. Entre quienes evalúan una reubicación, el 77% espera concretarla durante los próximos dos años.
KPMG describe este proceso no como una retirada total de Canadá, sino como un reequilibrio estratégico del capital hacia lugares donde las empresas encuentran mejores rendimientos, mayor cercanía con sus clientes y cadenas de suministro más eficientes. Muchas mantienen operaciones canadienses, pero asignan a Estados Unidos una proporción creciente de sus inversiones futuras.
Este matiz es relevante para México. La pérdida de competitividad no siempre se refleja en el cierre inmediato de una planta. Puede manifestarse cuando una empresa mantiene la producción existente, pero deja de modernizarla, cancela una expansión o decide fabricar su siguiente producto en Estados Unidos. La encuesta de KPMG muestra que en Canadá el ajuste ya va más allá de la producción: el 57% de los fabricantes redujo, suspendió o canceló sus gastos de capital; el 36% disminuyó la inversión, el 12% la paralizó y el 9% la canceló por completo. Además, el 42% redujo o pausó sus inversiones en investigación y desarrollo.
Las operaciones pueden permanecer sin cambios durante un tiempo, pero la reducción reiterada de inversiones erosiona la capacidad productiva: los equipos envejecen, los avances en productividad pierden fuerza y las nuevas instalaciones aparecen en otras regiones. KPMG resume la lógica con una relación directa: la inversión determina la capacidad y la capacidad define el crecimiento.
Presión sobre México: casos concretos
Para Maese, México enfrenta una presión similar. Aunque descartó una salida generalizada de manufactureras, reconoció que ya existen movimientos que muestran cómo las compañías reorganizan su producción en busca de menores costos y mayor certidumbre. Uno de los casos es Toyota, que anunció el traslado de parte de su producción hacia Texas. La decisión no representa una salida de México, pero ilustra cómo un corporativo puede redistribuir modelos y volúmenes entre sus plantas conforme cambian los incentivos, los costos y las condiciones de acceso al mercado estadounidense.
Maese también mencionó el caso de LG, que concentró en Reynosa la producción de televisores después de cerrar sus operaciones en Mexicali. En este caso, la actividad permaneció en México, aunque migró entre ciudades. Otras compañías han desplazado procesos desde la frontera hacia entidades con menores costos laborales, los cuales también han aumentado por las exigencias del T-MEC, mientras que algunas inversiones del sector textil han optado por Centroamérica y el Caribe. “Las empresas globales siempre van a buscar su mejor costo para sobrevivir y ser competitivas”, explicó Maese.
Definiciones pendientes en la revisión del T-MEC
La prioridad de retener inversiones cobra mayor relevancia conforme se prolongan las definiciones entre México y Estados Unidos. Esta semana concluyó en la Ciudad de México la tercera ronda bilateral sobre el T-MEC, encabezada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer. Las delegaciones reportaron avances en algunos temas, pero varios asuntos de alto impacto para la industria permanecen abiertos.
Entre ellos figuran las reglas de origen, determinantes para establecer cuánto contenido regional debe incorporar un producto para recibir las preferencias arancelarias del tratado. Greer planteó que las discusiones sobre estas reglas se prolongarán hasta 2027. Para las empresas, el resultado puede definir dónde ubican sus próximas inversiones, qué proveedores incorporan y cuánto contenido procedente de Asia pueden mantener en sus procesos.
Maese considera que el proceso dejó de ser una revisión ordinaria y se convirtió, en los hechos, en una renegociación, como lo advirtió desde hace un año. El tratado, dijo, necesita adaptarse a un entorno distinto al que existía cuando se pactó, marcado ahora por la transformación tecnológica, la automatización, los cambios posteriores a la pandemia y el intento estadounidense de reducir su dependencia de China. “Ya tenemos un año y medio escuchando qué quiere Estados Unidos. Creo que ya entendemos qué quiere”, señaló.
Esa presión puede abrir oportunidades para sustituir importaciones asiáticas con producción regional, pero también supone reglas más estrictas y mayores exigencias para las plantas mexicanas.
La urgencia de IMMEX 4.0 y la realidad de los aranceles
En este escenario, el dirigente pidió acelerar la puesta en marcha de IMMEX 4.0, una propuesta que la industria presentó hace más de un año y medio para modernizar el principal programa de manufactura de exportación. El planteamiento busca simplificar procesos, facilitar la adopción tecnológica y ofrecer incentivos para atraer y conservar operaciones de mayor valor agregado.
También llamó a asumir que los aranceles seguirán presentes en la relación con Estados Unidos. “Los aranceles no se van a quitar. Lo que estamos negociando es minimizarlos”, afirmó. En ese contexto, conservar las preferencias del T-MEC frente a países externos a la región puede marcar la diferencia entre recibir una nueva inversión o perderla.
Al concluir la tercera ronda de conversaciones, las delegaciones de México y Estados Unidos acordaron celebrar una cuarta ronda de negociaciones durante la primera quincena de septiembre para continuar la revisión del T-MEC. Aunque Washington sustituirá el arancel de 10% aplicado bajo la Sección 122 por un nuevo esquema sustentado en la Sección 301 sobre trabajo forzoso, el gobierno mexicano aseguró que, para el país, el tratamiento arancelario permanece sin cambios. Sin embargo, permanecen vigentes los aranceles impuestos bajo la Sección 232, entre ellos los que afectan al acero, aluminio, sus derivados y otros sectores estratégicos, considerados por México y por la industria exportadora como los de mayor impacto para la competitividad regional y que seguirán formando parte central de la negociación prevista para septiembre.



