La mano negra de la provocación: violencia e impunidad en Ayotzinapa
Mano negra de provocación: violencia e impunidad

La mano negra de la provocación se extiende sobre México, donde la violencia y la impunidad campan a sus anchas. En un país donde la historia se repite, las heridas del pasado siguen sangrando. Como escribió Octavio Paz en El laberinto de la soledad: "Las épocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía". Esta frase resuena hoy con fuerza ante los recientes actos de violencia protagonizados por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la Sección 22 y sus aliados.

Impunidad y violencia legítima

¿Quién les ha otorgado carta de impunidad a estos grupos? ¿Por qué pueden usar armas y que se considere "violencia legítima"? ¿Por qué mutilar y asesinar es visto como "enojo social"? Bloquear carreteras, robar tráileres, incendiar oficinas y secuestrar funcionarios son actos que, en cualquier democracia, merecerían una respuesta firme del Estado. Sin embargo, estos grupos son tratados como "luchadores sociales" cuando en realidad son delincuentes, sin importar la bandera política que enarbolen.

La postura del gobierno

La presidenta Claudia Sheinbaum reiteró ayer que los responsables de estos actos son provocadores, probablemente no maestros, y sugirió que existe una mano que mece la cuna de la desestabilización a horas del inicio del Mundial 2026. Pero la realidad es que la CNTE, los militantes de Ayotzinapa y la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG) han actuado así siempre. Su modus operandi es el chantaje al Estado y a la sociedad, aprovechando la impunidad que disfrutan.

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Artefactos explosivos y amenazas

El lunes, se descubrieron 59 artefactos explosivos en uno de los autobuses que transportaba a militantes de Ayotzinapa. A pesar de ello, no se detuvo a nadie ni se interrumpió el tránsito de estos grupos, que ayer ya se manifestaban en la ciudad. Las autoridades afirmaron que "tienen en la mira" a los líderes ultrarradicales del comité de lucha, apodados El Coquillo y El Mamado, ambos en libertad. Además, se filtró que dicho comité era financiado por el PRI y el senador Manuel Añorve, algo que resulta inverosímil si no fuera trágico.

La tapadera gubernamental

El gobierno federal, que ha demostrado capacidad operativa ante estos grupos, parece buscar una tapadera para ocultar sus limitaciones. La CNTE, Ayotzinapa y estos grupos ultrarradicales tienen desde hace años un pie en organizaciones armadas y grupos criminales. Hace tiempo que el narcotráfico infiltró la Normal Isidro Burgos, que de semillero de la guerrilla pasó a serlo del crimen organizado, aunque se disfrace con ideología.

Testimonio de un exdirector

Jaime Solís Robledo, exdirector de la Normal entre 1999 y 2000, amigo de Lucio Cabañas y alumno del maestro Othón Salazar, ya denunciaba en su libro Ayotzinapa y yo el consumo y tráfico de drogas, golpizas, alcoholismo y acoso escolar y sexual como represalia contra quienes no se sumaban al grupo estudiantil que controla la escuela. Solís Robledo explica que el Comité Estudiantil, ligado a grupos criminales, rige la vida institucional: ningún alumno puede desacatar sus órdenes so pena de ser acosado hasta abandonar el plantel.

Control estudiantil y movilizaciones

"Cuando alguien es reincidente de incumplimiento, aunque sea por enfermedad, es hostigado con crueldad... La Secretaría de Educación de Guerrero podrá ordenar 100 veces que se inscriba formalmente a esos jóvenes, pero el acoso escolar los hace desistir", relata Solís Robledo. Además, el comité estudiantil ordena el envío de contingentes a movilizaciones: "En la escuela quienes mandan son los alumnos... Ninguna autoridad puede intervenir". Las consecuencias son graves: alumnos ebrios, peleas sangrientas, degradación sexual y ausentismo sistemático. "Las actividades académicas pasan a segundo plano, pues constantemente salen del plantel para apoyar movimientos de inconformidad", agrega.

Conclusión: una realidad conocida

Esto ocurría hace 20 años. Hoy, estos grupos reciben apoyo público, están infiltrados por el crimen y la izquierda ultrarradical. No hay que descubrir ninguna mano negra. Ya los conocemos. La pregunta es: ¿hasta cuándo el Estado permitirá esta violencia e impunidad?

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