Pobladores y comuneros del municipio de Amecameca, en el Estado de México, han alzado la voz para solicitar la intervención urgente de las autoridades del Gobierno Federal y estatal. El motivo es detener la tala clandestina que está devastando los bosques en la parte baja de las faldas del volcán Popocatépetl.
Recorrido por la zona afectada
En un recorrido realizado con los afectados por el área conocida como “Neriaco”, se pudo constatar que los talamontes han intensificado sus actividades. Los huecos dejados en gran parte de la zona boscosa de los bienes comunales y ejidos son evidentes, así como la gran cantidad de troncos derribados que, debido a lo complicado del terreno, prefieren no aprovechar y abandonan en el lugar.
Modus operandi de los talamontes
Los afectados detallaron que los talamontes suben principalmente por las noches en camionetas de tres y media toneladas, en grupos de entre 10 y 15 personas armadas. Se internan en las veredas y derriban varios árboles que seccionan y montan en sus vehículos en cuestión de horas.
“Vienen de civiles y vienen entre tres y cuatro personas por camioneta (...) agarran parejo desde un oyamel que mide unos tres metros que lo ocupan para la vara de jitomate, como árboles que miden de 20 y 30 metros de alto”, declaró uno de los denunciantes, quien por miedo a represalias prefirió omitir su nombre.
Impunidad en el traslado
Los comuneros señalaron que las camionetas cargadas con madera bajan a primeras horas de la mañana por la carretera que conecta Paso de Cortés y Amecameca, sin que ninguna autoridad lo impida. “Las camionetas bajan sin problema pues nunca hay retenes que los revisen. Una ocasión fui a Probosque (a denunciar), pero ellos dijeron que sólo podían atender en zonas protegidas y no podían hacer nada”, agregó el comunero.
Temor entre los pobladores
Para evitar un enfrentamiento o agresiones con los talamontes, los ejidatarios y comuneros prefieren no caminar por las noches en sus terrenos. El sonido de las motosierras les anuncia que los delincuentes trabajan para acabar sin piedad con lo poco del bosque que queda.
La situación es crítica en la región, y los habitantes esperan que las autoridades tomen cartas en el asunto antes de que sea demasiado tarde.



